El silencio de los bloggers


En la época actual, el desarrollo de nuevas tecnologías a una velocidad inédita ha cambiado dramáticamente la forma en cómo nos comportamos. Buscamos grabar en la cámara del celular todo lo que vemos y grabarnos viéndolo; en lugar de disfrutar y almacenar bien, en la retina de los ojos y en la memoria del alma, los paisajes, las esculturas, la belleza del arte y los buenos momentos. La globalización ha permitido que se pueda cambiar al mundo, sutilmente, a través del posicionamiento mundial de nuevos productos. Ahora, en el mundo occidental, se tiende a desplazar la estrategia de la conquista militar por la estrategia de conquistas culturales, vinculadas a opciones comerciales y a ideales de vida.

Esto ha derivado en una nueva cultura común. En la época medieval, la fama y la gloria se adquirían con proezas bélicas y, por eso, los jóvenes con la ambición de destacar aspiraban a convertirse en grandes guerreros. Tal es el caso de San Francisco de Asís, antes de iniciar su vida como religioso. La fama local estaba vinculada a las hazañas, al heroísmo y a la valentía.

Hoy, ochocientos años después, los iconos locales son quienes se visten bien, se ven bien, viven cómodamente, viajan, frecuentan los lugares de moda y gozan de una buena situación financiera, que les garantiza mantener su icónico estilo de vida.

Miles de usuarios de las diferentes redes sociales se apresuran a seguir a los líderes de esta nueva idiosincrasia. En Instagram las vidas privadas de los influencers se convierten en el nuevo Big-Brother: ahora los reality shows se graban cerca de ti, son en vivo y en ellos aparecen personas que tú conoces. Los eventos más importantes de sus vidas se comentan en la comunidad y las revistas de sociales se apresuran a conseguir reportajes, entrevistas y sesiones fotográficas, que complementan la información que todo mundo está buscando en sus celulares.

En una siguiente etapa, inconscientemente, copiamos lo que los influencers hacen. Dejamos que ellos sean los líderes de las nuevas tendencias de lenguaje y la moda; y los jueces de lo bueno y lo aceptable, contra lo "chafo", malo y despreciable. Hasta cierto punto, los bloggers nos moralizan. La industria del entretenimiento, sobrepasada por la alta penetración de la interacción digital y el contenido viral, rescata con su enorme presupuesto a los líderes de las redes sociales y los lanza a las pantallas grandes.

Pienso, que, en general, podemos hacer un balance positivo. Muchos de los iconos nuevos han también aprovechado su posición para abanderar causas sociales y, algunos, causas políticas. Muchos se quedan a la mitad, entre la fama alcanzada y lo que pueden lograr. Creo que pocos estudian el fenómeno del que son parte, y otros menos profesionalizan una estrategia de qué es a lo que quieren llegar.

La industria del entretenimiento sigue teniendo un marcado protagonismo en posicionar gradualmente valores sociales. A cada rato, se estrenan series y películas que fomentan la apología por la delincuencia organizada y el dinero, para una vida que venera el placer y reprime la entrega y el sacrificio. Ante estos fenómenos, que son los que muchas veces logran los verdaderos cambios culturales, los bloggers guardan silencio. La promoción de una vida sana, del ejercicio, del emprendimiento, de la moda y de contenido altamente emotivo, encasillan a estos iconos en un solo tema relevante; que cada uno propone de forma aislada.

Hay un área de oportunidad en el desarrollo de una cultura paralela. Abundan opciones complementarias de cultura. Hay muchas personas que están levantando la mano para ser los Anthony Bourdains de las redes sociales, las Martha Stewart de Facebook, los Carlos Bremer de Twitter o los Arnold Schwarzenegger/Gisele Bündchen de Instagram. Nos hace falta que más gente levante la mano para no quedarse callado, hacer ruido y entrar al cuadrilátero de la guerra cultural por posicionar nuevos y mejores valores. Necesitamos bloggers que no sólo se apunten a ser un instrumento que sirve a las sociedades de consumo, sino que se propongan ser artífices de las sociedades del futuro.


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