´El verdadero alimento de la vida´


¿Qué o Quién es ese misterio que se oculta tras las especies de pan y vino? La respuesta: Es un hombre, Jesús de Nazaret, igual que nosotros, pero que ha bajado del cielo y se nos da en las especies de pan y vino como cuerpo y como sangre. Es la Sabiduría de Dios que nos invita a un banquete para adquirir inteligencia. Es el Hijo del Padre, que nos quiere hacer partícipes de su vida divina. Es el Señor glorioso a quien la comunidad cristiana desde los inicios adora y reconoce en los signos sacramentales. Cuando se hace la experiencia de la Eucaristía, existe esa sed constante de acercarnos a este alimento misterioso y cercano a la vez, grande y asequible a nuestras realidades, sacramental o espiritualmente con aquéllos que se acercan. Jesús baja del cielo para estar junto a ti en el sacramento o espiritualmente, nos dice San Josemaría: "Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual, practícala frecuentemente y tendrás presencia de Dios y más unión con Él en las obras".

1. Misterio de la carne. El misterio de la Eucaristía es de un realismo fuera de serie: "El que come mi carne y bebe mi sangre...". No es un misterio simbólico o abstracto, utópico. Es un misterio concreto y real. La carne y la sangre del hombre del que estamos hablando, es la de Jesús de Nazaret, del Dios que se hizo carne y habitó entre nosotros. No es recuerdo ni celebración, no es la encarnación de una idea bella y generosa, no es una fórmula mágica o un conjuro ritual y arcano, es "la carne del hijo del hombre", es la humanidad y la divinidad de Jesús de Nazaret la que se nos entrega en el pan transustanciado. ¡Qué sobrecogimiento, pero también qué gozo! Uno tiembla de estupor ante un alimento tan sublime que se nos da de un modo tan sorprendente y empequeñecido. Uno goza y exulta lleno de júbilo ante esta invención tan indecible y propiamente divina, como es la Eucaristía. ¿Quién sino Dios pudo inventar tan gran misterio? Vivimos gracias al impulso de este alimento sagrado, dice San Juan Pablo II: "La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia". 

2. Misterio de fe. Después de la consagración del pan y del vino el sacerdote dice: "Este es el sacramento de nuestra fe". Y la asamblea responde: "Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor". Mysterium fidei, mysterium salutis. ¡Maravilloso compendio de la Eucaristía! Sólo por fe estamos capacitados para descubrir en el pan eucarístico la presencia de Cristo, Sabiduría de Dios; como Sabiduría de Dios, a quien de Él se alimenta le hace partícipe de esa misma Sabiduría, "que está más allá de toda capacidad humana" y que le permite conocer los misterios de Dios. Sólo la fe nos conduce a quitar el velo de las especies para ver a Cristo, Hijo de Dios, y Señor glorioso del tiempo y de la historia, de la humanidad y de la creación entera. Sólo la mirada de fe penetra en el misterio de muerte y resurrección que se verifica cuando el sacerdote consagra el pan y el vino para la remisión de nuestros pecados, y la redención integral de nuestra pobre existencia. Dice Tadeuz Daczer: "La Eucaristía es, por excelencia, el sacramento de la fe, que exige de ti la actitud del niño indefenso, la actitud del pecador que nada desea con más ansiedad que la sanación de su mal."

3. Misterio de amor. La Eucaristía es el último y supremo gesto de amor que Dios se inventó en favor de la humanidad. En el Evangelio Jesús nos dice: "El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y Yo en él... el que me coma, vivirá por mí». Fórmulas que en otras palabras nos hablan de permanecer en el Amor, ser poseídos por el Amor, vivir por el Amor. En la medida en que la creatura humana ha experimentado un amor que no sea puramente sensible y ha sido elevada a otras formas del amor, estará mejor preparada para captar más fácilmente el amor de Cristo Eucaristía. Un Amor, presente en el pan eucarístico, que la asamblea cristiana celebra y adora en la liturgia dominical con cantos y con himnos de alabanza y acción de gracias. El Amor merece ser celebrado públicamente para que se nos contagie a todos y para testimoniarlo a los demás. La Eucaristía nos ubica en el camino del amor y de la vida, escribe santo Tomás Moro: "Si me distraigo, la Eucaristía me ayuda a recogerme".

4. "El Cuerpo de Cristo... AMÉN». La Eucaristía es uno de los sacramentos de la iniciación cristiana. Es conveniente subrayar la importancia de la catequesis preparatoria a la recepción de este sacramento. Catequesis a los niños que van a recibir por primera vez la comunión, y catequesis a los catecúmenos adultos que se preparan para ese encuentro maravilloso con Cristo, Sabiduría de Dios, Hijo de Dios, Señor de la historia. ¡Cuán necesaria es una catequesis integral! Integral sobre todo porque se trata de una catequesis que envuelve la integridad de la persona (sea niño o adulto). Se requiere indudablemente el conocimiento completo -y adaptado- de la doctrina católica sobre la Eucaristía. Pero es necesario además que la catequesis abarque la dimensión cultual y litúrgica de la Eucaristía, con lo que ello significa de adoración y de acción de gracias. Es igualmente necesario que el catequizando perciba y se convenza de las consecuencias morales que la recepción de la Eucaristía comporta. Si Jesucristo se convierte en el principio vivificador de nuestra existencia mediante la Eucaristía, ¿será posible vivir de modo diverso y opuesto a como él vivió entre nosotros? Cuando al recibir la comunión el cristiano, a las palabras del sacerdote: "El cuerpo de Cristo", responde con un "Amén», está declarando dos cosas: primero creo que eso que veo bajo las especies de pan es el Cuerpo de Cristo, y quiero alimentarme con él; segundo creo que Cristo viene a mí para purificarme y para fortalecerme en las luchas diarias de la vida, y así ser una imagen suya entre los hombres.

5. El culto a la Eucaristía. En la Iglesia católica la Eucaristía se celebra, pero también se conserva en el Sagrario para que los fieles puedan rendirle culto fuera de la celebración de la misa. Hemos de hacer hincapié los católicos al culto eucarístico, porque quizá ha disminuido entre los fieles y porque son muchos los beneficios que aporta. Las formas de culto son varias: culto individual mediante visitas a Cristo en la Eucaristía; culto comunitario mediante horas eucarísticas, adoración durante el día, procesiones con el Santísimo Sacramento, y otras formas de devoción. Nos dice San Agustín: "Nadie se alimenta de esta carne antes de haberla adorado... Pecamos si no la adoramos". Tengamos por segura una cosa: Cristo Eucaristía ordena las costumbres, forma el carácter, alimenta las virtudes, consuela a los afligidos, fortalece a los débiles, invita a la imitación a todos los que se acercan a Él. Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.


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