En alta mar había un marinero


Hay muchas cosas que la crisis del desabasto –desabasto, sí– de combustibles en nuestro país ha puesto al descubierto. En primer lugar, el monto de la sisa que Pemex ha venido registrando por decenios. En segundo, la incapacidad logística del gobierno de López Obrador para enfrentar este problema. Cerrar los ductos que llevan de las refinerías a los centros de distribución fue una medida que dejó a los ladrones en pequeño de picotear las tuberías y llevarse el combustible. Al mismo tiempo, dejó a los mexicanos sin gasolina para sus autos, sus camiones, sus aviones y sus anafres.

¿Por cuánto tiempo? Nadie lo sabe. El presidente ha sido insistente en que no hay insuficiencia de combustibles: no es que sea poca la gasolina, es que está mal repartida, diría el dueño de la baraja. Mientras los ductos siguen cerrados para todos, los enormes tanques de almacenamiento siguen llenos. Al mismo tiempo, los buques–tanque que traen el combustible desde otros países están varados frente a las costas de Coatzacoalcos y Tuxpan en el Golfo de México, repletos de gasolinas que no pueden descargar porque no hay donde. Su estadía, naturalmente, cuesta dinero cada momento que pasa.

Cada momento que pasa cuesta dinero a los transportistas, comerciantes y productores de bienes en México, muy pronto ese costo se trasladará a los mexicanos de a pie, los que tenemos que ir al mercado por huevos, harina, frijol o aceite, que no se trasladan por sus propios medios hasta nuestra mesa.

Diariamente, dijo el presidente, los ductos son perforados y remendados. "A ver quien se cansa primero" es la consigna. Me canso ganso que el primero en ver muerta su lenta reacción va a ser el ciudadano mexicano. Repetidamente, López Obrador ha dejado constancia de su reconocimiento a la paciencia y generosidad de los mexicanos, que no se han levantado iracundos y violentamente ante la incompetencia de sus autoridades, la pregunta es ¿por cuánto tiempo?

El problema fundamental de este asunto es el que afecta a todo el país: concebido, como todos los países, como una orquesta sinfónica en la que hay cuerdas y metales, instrumentos de aliento y de percusión, la administración federal se comporta como concierto de un solista superdotado que al mismo tiempo es el director del supuesto ensamble. Cualquier musicante que ose emitir una nota ajena al concierto del solista estará, por naturaleza, discordante.

"Y cuando el comandante, se daba media vuelta, cogía su guitarra y poníase a cantar" reza el verso de En alta mar.

No hay que olvidar que al marinero aficionado a la guitarra, subiendo la escalera, sus zapatos mojados le hicieron resbalar. Cayóse el marinero con la guitarra a cuestas; se le rompió una cuerda y no pudo más tocar.

PILON.- Descortés y burdo ha sido el gesto del gobernador de Nuevo León ante una señora que pedía apoyo para un discapacitado que necesita un dispositivo para aliviar su vida diaria. ¿Por qué no le ayuda ella misma? Fue la pregunta "bronca". Porque no tiene dinero, fue la respuesta, señalando una de las joyas que la mujer llevaba, la conclusión fue lamentable: con esa cadena que llevas puedes comprar esa mugre. Y se fue.

No hace falta comentario alguno.

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