Encargar el gis y el pizarrón


La década de los años 80 trajo consigo un sinnúmero de rasgos culturales, de acontecimientos políticos, científicos, de experiencias e hitos sin los que sería imposible explicar el tiempo que hoy vivimos, que a su vez se conforma como cimiento para el futuro que iniciamos.

LOS OCHENTA

• En esa década vio la luz Marty McFly; se consolidó la banda inglesa Queen; Thriller creó una tendencia; Steven Spielberg y su extraterrestre nos mostró lo que sabe hacer con creces; el muro de Berlín abrió su frontera; nuestro país fue mordido por un perro, o más bien por una jauría de perros hambrientos; la gran epidemia autoinmune se dio a conocer azotando África y el mundo completo; la carrera al espacio sufrió un tropiezo con la desgracia del Transbordador Challenger; Chernobyl describió los riesgos del progreso; el sistema financiero conoció el “Black Monday”; la juventud se unió en torno a Tiananmen; un Papa Católico fue atacado en su propia tierra;los príncipes Británicos atrajeron las miradas del mundo en su “Boda de cuento de hadas”; los videojuegos y las computadoras personales aparecieron en formas básicas, pero poderosas; CNN comenzó a conectar al mundo; el cubo de Rubik se instaló en la práctica lúdica de chicos y grandes y para fines de este escrito, mi adolescencia y la de miles de mis contemporáneos se desarrolló en una ciudad de Monterrey de la que poco queda. Tal vez en el Colegio Regiomontano Contry en el que estudié la secundaria había cientos de historias, mitos y leyendas que podían transmitirse de reunión en reunión afuera de los salones de clase y de la papelería “Andrómeda”, que hoy sigue operando por la calle Orión, en Contry.

• Historias de Muñecas diabólicas pintadas en las puertas y paredes de los baños, acompañadas de relatos de hazañas de gladiadores del llamado “Spyro”, que no era otra cosa que una pera de boxear atada a un poste con una cuerda de unos dos metros y medio y que, debía medir la capacidad de dos jugadores con rostros fieros cubiertos de acné intentando acomodarla a golpes en la circunferencia del poste hasta dejar sin cuerda al oponente; o historias de torneos de canicas en las que el tráfico e intercambio de agüitas, chorizos, balines y tamalonas circundaba el terreno de juego marcado con el dedo en la tierra en donde se contaban los golpes, las persecuciones y los pocitos donde caían los incautos.

• Los chicles con barajitas de jugadores o estrellas de películas eran moneda de cambio para aquellos que gozábamos de la época, los sobrecitos con dulce en polvo que hacían ruido y picaban en la lengua eran tan populares como los relojes con protección extrema que eran arrojados desde el tercer piso para comprobar su resistencia. En los salones de clase desfilaban profesores que intentaban persuadirnos de aprender y de ser jóvenes de bien, cuando practicábamos mecanografía en aquellas máquinas de escribir Olivetti o cuando escuchábamos una clase de matemáticas, física o química sentados en los viejos pupitres con tapa para guardar útiles escolares.

• Recuerdo una práctica que convertía al salón de clases en una verdadera zona de anarquía que volvía a la calma con la aplicación de la ley en una forma peculiar; cuando el profesor debía salir del salón para atender alguna llamada del coordinador o de un padre de familia y no había otro colega que le supliera, dejaba a cargo a un alumno con una sola herramienta y una sola indicación: le entregaba el gis y le pedía que anotara en la esquina superior derecha del pizarrón el número de lista o el nombre de aquellos que rompieran el orden hablando, jugando, peleando o de cualquier otra forma. Entonces la autoridad de aquel profesor se transmitía a aquel puberto imberbe que apenas podía dimensionar la tarea y sus consecuencias con los demás.

EL LIDERAZGO

• Los profesores más listos seleccionaban muy bien a los verdugos traidores y escogían al alumno más conflictivo, desordenado y escandaloso para la tarea. Esto mataba dos pájaros de un tiro, tal vez más: quitaba un foco de desorden natural y le confería poder a un líder negativo, convirtiéndolo en uno positivo, fiero e intenso para atrapar a los que ofendían la ley en aquel salón. Esa, como otras anécdotas, se guarda en mi memoria con nostalgia y sale a escena para disfrutar de un recuerdo gozoso y divertido, y ahora para traer a esta columna una reflexión. Entregar el gis, compartir la autoridad y formar el liderazgo en las organizaciones frecuentemente sigue los caminos ortodoxos y transitados hasta el desgaste.

• Los líderes son ungidos por su capacidad, su desempeño y disciplina, su grado de confiabilidad y su ejemplo a los demás, cosas que aportan sin duda a la tarea que habrán de efectuar y que traen resultados probados. También existe la alternativa de seleccionar a uno de esos líderes inquietos, rebeldes y desordenados para conferirle la responsabilidad de tomar la espada y guiar a sus guerreros por rutas inhóspitas y nunca transitadas, usando la filosofía de aquellos maestros que ungían a los alumnos y que entregaban el gis consiguiendo el resultado que esperaban. Piense en los líderes inquietos, en los inadaptados, en los rebeldes; son ellos los que innovan en su búsqueda del cambio, los que no aceptan la realidad y simplemente la administran sino que la transforman. ¿Es eso lo que necesita su organización? ¿Se atreve a entregar el gis?

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