Entre permisividad, ilegalidad, ignorancia, impunidad e irresponsabilidad


El problema más importante que tenemos en México, me dice un colega rotario del club de San Nicolás, es que hemos sido infectados por cinco virus malignos: la permisividad, la ilegalidad, la impunidad, la ignorancia y la irresponsabilidad

Al escuchar su comentario vino a mi mente una pregunta que me hice hace tiempo: ¿Qué es lo que hace a una persona? Dos cosas diría yo:  las decisiones y acciones que tomamos en el buen o en el mal sentido y los límites que nos autoimpongamos en ese proceso de tomar decisiones y actuar de acuerdo a ellas. 

Pero nadie nace ya con un proceso mental establecido para definir las mejores decisiones y acciones a tomar, tampoco se nace con límites genéticos que nos controlen.  Los expertos resaltan que el proceso educativo y el medio ambiente en el que se nace, los padres, su nivel educativo y económico y su esfuerzo o no en hacernos hombres y mujeres de bien nos afectan mucho para bien o para mal en ese proceso de toma de decisiones y de límites autoimpuestos, y por lo mismo nos recomiendan el establecimiento en la familia y en la escuela de límites de comportamiento en la formación y educación de nuestros niños y jóvenes, que se traducen en hábitos de comportamiento. Efectivamente no son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del agricultor al 

no eliminarlas. 

Los límites internalizados, nos dicen, son los identificadores de cada uno de nosotros, son los que definen nuestro modo de ser, definen quiénes somos y quiénes no somos. 

Al internalizar los límites negativos, estos se transforman en hábitos o recomendaciones que inducen al mal comportamiento. Hace tiempo me enviaron el decálogo del dictador, en el cual se nos dice: 1.- amarás el poder más que a ninguna otra cosa; 2.- falsearás y destruirás cualquier nombre que se oponga a tus deseos; 3.- celebrarás fiestas en honor de tu gloria; 4.- enriquecerás a cuántos estén a tu vera, incluidos padre y madre; 5.- utilizarás la sangre para acallar las bocas que te juzguen; 6.- tus actos serán santificados, aún cuando sean crímenes; 7.- te apoderarás de todo bien que te complazca; 8.- cubrirás con la mentira el asesinato; 9.- alentarás el pensamiento egocéntrico y los deseos más pasionales; 10.- considerarás lo ajeno como propio.

¿Cómo la ven estimados lectores? ¿Cuál camino debemos de seguir? Me temo que si seguimos este decálogo, eso nos conducirá a interiorizar una cultura de permisividad,  ilegalidad e impunidad.

El camino que deberíamos de seguir nos debe de conducir a internalizar los límites positivos, hasta que se transformen en hábitos de comportamiento que nos hagan actuar como personas ordenadas, limpias, puntuales, con espíritu de superación, responsables, trabajadoras, honestas, respetuosas de normas y reglamentos y respetuosas de los demás, que nos permiten reconocer, aceptar, apreciar y valorar sus cualidades y derechos. Pero, además, en nuestra sociedad deben de haber consecuencias ante los actos de ilegalidad, impunidad y corrupción. 

No caminar por esa senda nos conduce a tener una sociedad caracterizada por tener: 

1.-  Líderes sin valores que son una amenaza para la comunidad y a veces hasta para la humanidad.  Hitler y su gente casi acaban con el pueblo judío europeo.  Lo cierto es que mucha gente muy educada trabajó y ayudó a Hitler en su trabajo destructivo.  Ingenieros y técnicos muy capaces construyeron las cámaras de gas que fueron operadas por técnicos competentes y en este holocausto participaron médicos y enfermeras bien adiestrados.  Sin duda un líder, un profesionista, una persona sin valores es una amenaza potencial 

muy importante. 

2.  Una gran impunidad, la cual  es un excelente combustible y agente multiplicador para la ilegalidad y la corrupción. Para lo cual, deben de existir consecuencias ante estos ma-

los comportamientos. 

¿De quién depende que no sea así? Usted, ¿qué opina, 

estimado lector?...


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