Entre promesas y mentiras


FRASE: "Concederle un nuevo beneficio al transporte público sería atropellar aún más a los usuarios, quienes han financiado históricamente un servicio impráctico, poco funcional y sin calidad".

El relajo que trae el transporte público nuevoleonés difícilmente se cura cambiándole la carátula al sistema que lo maneja. Y decimos esto porque, cuando menos, en lo que va de la actual administración estatal, no ha resultado ningún experimento ni plan para hacer más eficiente el servicio.

Es decir, la cuestión no es cómo y quién lo controla, sino qué hacer para que el transporte público funcione a la medida de las necesidades del usuario sin tocarle el bolsillo. Tan sencillo como eso.

Ayer dábamos cuenta en este Vigía que las autoridades estatales están muy entusiasmadas en crear un consorcio que se encargue de monitorear todo el sistema de transporte. Se busca centralizar la operación, pero también la recaudación. 

Algo así como invertir con el dinero de la gente y dividir las ganancias entre gobierno y transportistas, como siempre ha sido, pero ahora el proyecto es más voluminoso y mejor disfrazado para acaparar las utilidades de todo.

El transporte público local vive de maquillajes y lo que se pretende hacer no será la excepción. 

Ahí está la mentira en torno a la Ecovía. El gobierno estatal, después de su famosa requisa, dijo haber revitalizado el servicio para hacerlo autosuficiente. Sin embargo, los discursos se derriten en la calle: se sigue invirtiendo mal sobre lo mal atendido, las soluciones jamás llegaron y el déficit engorda.

Otra mentira sobrevuela en Metrorrey. Las autoridades han hablado de mejoras en todo este tiempo, pero el servicio está saturado y continúa siendo malísimo. 

Además, hay otras cuestiones más importantes: en Metrorrey los números no están claros y huele a que todo esté peor en cuanto a sus finanzas. El gobierno aún no da respuestas sobre el faltante millonario –se calcula $300 millones de pesos– en cuanto a ingresos por boletaje, ni tampoco aclara cómo controla el tema publicitario.

Las mentiras también siempre han girado históricamente alrededor de las rutas y los taxis: subir la tarifa para "modernizar" las unidades y así brindarle una mayor comodidad a los usuarios.

Al usuario se le sigue metiendo la mano en el bolsillo, pero nada ha cambiado. Le prometieron una renovación de unidades y continúan las mismas chatarras. Le prometieron mayor seguridad, pero muchos de los taxis son cómplices de la inseguridad.

Pero también le prometieron seriedad y el gremio que los nuclea es un verdadero carnaval con una mafia enfrentada por intereses que desangra a la gente.

Plagada de mentiras, la Agencia Estatal de Transporte (AET) no sabe cómo hacerle para que los taxis –y no se diga los camiones– cambien esa mala imagen que desde larguísimos años se han ganado mientras alimentaban con bocanadas de recursos a las arcas de un grupo de funcionarios y empresarios.

La AET tampoco sabe qué hacer para que los Uber y otras empresas de taxis privados ya no les quiten pasajeros. Prometieron regularizar todo este rollo, pero nada han solucionado. Ni siquiera con el pirataje.

Algunos diputados ya avisaron que no votarán en favor de un aumento a la tarifa del transporte público. Es por sentido común. Creemos que el gobierno tiene mucho de dónde recortar antes de castigar otra vez a los usuarios con golpes económicos y, lo que es peor, con más mentiras.


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