¡Equivócate!


Un domingo al mediodía, justo antes de sentarnos a la mesa familiar, nos congregábamos en torno al mobiliario de la sala de la casa de mis padres para contemplar lo que aquel espectáculo gratuito nos deparaba a los presentes, y es que eran los años en los que los hijos de los hijos de mis padres, sus nietos, se movían a gran velocidad por los rincones de la casa y por el jardín persiguiéndose unos a otros, o simplemente correteando entre risas juguetonas y traviesas.

Aquel domingo la entonces más pequeña de la familia que ahí se reunía, se erguía ante la mirada atónita y llena de orgullo de sus padres, sus tíos y abuelos. Un poco antes había comenzado a dar sus primeros pasos, y ya contaba con algo de experiencia en el acto de caminar, pero aún era nueva en esas habilidades. Lo intentó una vez y avanzó apenas cuatro o cinco pasos para luego caer suavemente sobre el tapete de aquella habitación, entre gestos de aprobación y aplausos cariñosos y motivacionales.

Unos segundos más tarde, apoyada de la mesita de centro, y habiendo estudiado con seriedad la reciente experiencia, repetía el procedimiento con resultados similares en términos de desempeño, pero con la confianza fortalecida y la meta bien clara, había que aprender a caminar para después poder correr y unirse a los demás que gozaban de lo lindo de aquella capacidad de infinitas posibilidades.

Hoy puedo compartir con estas letras que, después de 15 años, aquel aprendizaje se le ha dado muy bien a aquella niña que ahora se desplaza con agilidad y sabe como correr y jugar deportes a un gran nivel y que, con asombro y lleno de orgullo, sigo contemplando junto a su madre el crecimiento que ha tenido en todos los sentidos en su camino a la plenitud y la trascendencia.

Además del componente emocional que sin duda guarda importancia en el proceso de aprendizaje, me llama la atención cómo es que, a pesar de que aquellos primeros pasos de los niños están plagados de intentos fallidos, de frustración y acaso dolor por no alcanzar el objetivo o por las repetidas y despiadadas caídas, el entorno continúa alimentando el ánimo del aprendiz y le empuja a continuar la frecuencia de intentos, los más si es posible, hasta conseguir el éxito y consolidar el aprendizaje, anexando una más a la lista de sus habilidades.

Nunca he visto que alguien reprenda a un pequeño por intentar empezar a caminar y caer en el intento de hacerlo.

Roger Verneaux, autor francés de temas de filosofía, lo describe en su Epistemología del Conocimiento al referirse al error como inherente a la esencia del ser humano. El error es parte de la humanidad, es parte del conocimiento humano, pero también del proceso de aprendizaje, que es una actividad humana esencial para existir y prosperar en el mundo. Pero algo ocurre al paso del tiempo que bajo esta premisa nos deshumaniza; a la mínima manifestación de error, de fallo o fracaso, los que contemplan al sujeto que falla le juzgan, le desaniman y le condenan. Esto tiene consecuencias en lo emocional y en el terreno del aprendizaje y el crecimiento personal.

Si vemos el proceso de aprendizaje como uno más grande que solamente la fase de experimentación y fallas, si los primeros intentos de hacer que un nuevo aprendizaje se instale como una capacidad o competencia se acompañan de errores seguidos del reconocimiento de los mismos y si el entorno da espacio a que esos aprendizajes se consoliden como resultado de la suma de los intentos, de los errores y del ánimo y la motivación suficientes para llegar a la meta, estoy seguro de que el crecimiento social y la productividad en todos los ámbitos serían mayores.

Nadie aprende sin equivocarse en el proceso. Que bien vendría aquello de vernos como aprendices que transitan a través de los intentos, acumulando experiencias, adquiriendo conocimientos, habilidades y competencias para conseguir ser plenos y felices, sin juicios que deterioren la voluntad y el ánimo que se requiere para prosperar.

Armando Arias Hernández es Licenciado en Ciencias de la Información y Comunicación, estudió una Maestría en Desarrollo Organizacional en la UDEM y se desempeña como conferencista y consultor de negocios PYME y profesor de asignatura en la UDEM.

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