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"Sé que hay personas que rentan niños pequeños para traer en brazos y así enternecernos el corazón. He visto personas así afuera de Fátima", me comenta un colega del Tec. "Pero lo cierto es que la pobreza existe", agrega. Hemos tenido muchos adelantos, pero la pobreza sigue siendo un cáncer que no hemos podido erradicar. 

Mi colega me recomendó leer un informe de las Naciones Unidas, en su programa de desarrollo (UNDP) en el siguiente sitio de Internet: http://pnnonline.org/giving/undp0407.cfm y en www.undo.org. Sobre todo este último, en el cual se presenta como el tema central "El desarrollo humano para erradicar la pobreza". 

¿Qué destaca el artículo? 1. El progreso logrado en el Siglo XX para reducir la pobreza es notable y no tiene precedentes en siglos anteriores; de hecho, destaca el reporte, en los últimos 50 años se ha reducido más la pobreza que en los 500 años anteriores. 2. Es cierto lo anterior, todos los indicadores así lo señalan, pero ese progreso ha sido desigual y en muchos casos ha habido retrocesos importantes, por lo que la pobreza sigue siendo un mal generalizado. Con otro agravante adicional: quienes más lo sufren son los niños, las mujeres y las personas de más edad. 3. Esto induce a pensar que la pobreza ha significado para mucha gente la negación de opciones y oportunidades, la negación de poder tener una vida tolerable, ya no digamos digna. 4. En este reporte se anotan seis prioridades para erradicar la pobreza y con una gran conclusión: la erradicación de la pobreza en los primeros decenios del Siglo XXI es posible, económicamente viable, pero, sobre todo, es un imperativo moral para la raza humana. Es un compromiso ineludible de solidaridad humana con los que menos tienen. 

Ellos recomiendan seguir seis caminos. Destaco tres de ellos, por su importancia: camino 1. Potenciar a hombres y mujeres, asegurando su participación activa en las decisiones que los afectan; aumentando sus puntos fuertes mediante las siguientes cuatro estrategias: educación y atención a su salud para todos; redes de seguridad social para impedir que la gente caiga en el nivel de extrema pobreza; compromisos políticos que garanticen y protejan los derechos de los pobres, derechos políticos económicos, sociales y civiles; reformas para permitir el acceso a los recursos que nos protejan contra la vulnerabilidad económica. Camino 2. La igualdad de género es esencial para potenciar a la mujer. Esto significa, entre otras cosas, un compromiso del gobierno y de la comunidad para poner fin a la discriminación hacia las niñas y jóvenes en las áreas de salud, educación y la crianza; igualdad de derechos y de acceso a la tierra, al crédito y a las oportunidades de empleo; eliminar la violencia en contra de la mujer. Camino 3. Se necesita un gran apoyo internacional para situaciones especiales: la disminución de la deuda de los países más pobres y la apertura de mercado a sus productos agrícolas. Finalmente, asegura la ONU, no faltan recursos ni soluciones; falta el impulso político y social para hacer que las cosas sucedan. 

Como ven, finalmente la diferencia está en nosotros, en nuestros funcionarios públicos, en nuestras universidades, en nuestras empresas, en nuestras asociaciones civiles, pero sobre todo en un nosotros que quiere, que se compromete y que actúa en el camino correcto. 

Para esto vale la pena recordar e internalizar el escrito sagrado de judíos y cristianos, la lista de normas o mandamientos que los israelitas debían respetar para tener una vida comunitaria digna, sólo 10 mandamientos, normas o hábitos de comportamiento eran necesarias. Y que, en esencia, según San Mateo (Mt 22:37-40), son dos los mandamientos básicos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. 

Los 10 mandamientos ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto también los derechos fundamentales de la persona humana.


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