Fracking: aún nadie nos defiende


Hay demasiada preocupación entre los expertos por la posible contaminación de la presa El Cuchillo debido a la desmedida práctica del fracking que va en aumento en Nuevo León y donde nadie se hace cargo.

Incluso, especialistas temen que, por la actividad sísmica, es probable que pueda dañarse la cortina del embalse con consecuencias terribles para quienes vivimos en el área metropolitana. No es cualquier cosa.

Si tenemos en cuenta que El Cuchillo provee el 60% del agua que consume Monterrey y los municipios que la rodean, cualquier evento negativo que afecte a dicho almacenamiento es indudable que provocará que la ciudad comience a tener graves problemas con el agua.

El último estudio que se hizo sobre este procedimiento dimensiona la gravedad del problema. La actualización del "Plan quinquenal para la exploración y explotación de hidrocarburos 2015-2020" derivado de la reforma energética, ha aumentado la alerta de que, en corto plazo, podemos estar peor de lo que estamos.

Esto debido a que se han autorizado más pozos para extracción del gas shale con la técnica de fractura y que alcanzará ahora a 26 municipios, incluyendo a Salinas Victoria, Hidalgo, Villaldama, Bustamante y Mina.

La práctica del fracking crece en Nuevo León, pero quizás no tengamos en claro qué tanto. De hecho, ninguna autoridad nos ha avisado que los nuevos campos autorizados en el estado para la fracturación hidráulica, incluso, rozan el área metropolitana.

Desde luego que este fenómeno nos debe de inquietar. Obviamente, por sus consecuencias, entre ellas, por su vinculación directa con los temblores. Pero también por sus efectos ambientales negativos y, por si esto fuera poco, por la crisis hídrica que padece el estado.

No nos olvidemos que la presa El Cuchillo, por ejemplo, abastece de agua a más de 5 millones de regios y ninguna autoridad puede desconocer los efectos de la fracturación hidráulica para extraer gas desde las profundidades de la tierra. Sin duda que la salvaje explotación del agua que se realiza para estos asuntos pone en riesgo al embalse.

Además, la cuestión hídrica, definitivamente, es otro gran problema, ya que por pozo se utilizan entre 10 y 30 millones de litros de agua –mezclado con más de 800 sustancias químicas– con una alta probabilidad de que puedan contaminarse los mantos acuíferos. Pero al final del día es agua desperdiciada, ya que el 90% del vital líquido no es recuperable.

Creemos que existe una marcada debilidad institucional y mucha corrupción en torno a este tema, donde se benefician unos pocos, y casualmente son empresas extranjeras.

Es más, si no existen mecanismos para investigar, controlar y frenar cualquier pozo clandestino en el estado, mucho menos hay capacidad para neutralizar esta práctica que realizan las multinacionales y que pone a los nuevoleoneses en un crítico estado de vulnerabilidad.

De hecho, nada ha cambiado, pese a la insistencia de la sociedad y de vecinos de municipios afectados. La multiplicación de pozos va en aumento, en la misma medida los daños y se esperan nuevos encadenamientos de movimientos telúricos, tal y como ha ocurrido en los últimos años.

Sin embargo, y más allá de todo, el principal problema que enfrentamos es que nadie nos defiende de esta emboscada.

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