IrreverenteMonterrey
Más del autor

La trágica predecibilidad

Plaga en el cine, la tierra, el teatro y en todo lugar

Sácale a la vida miel, no hiel

Coloquemos un ladrillo hoy encima de otro que pusimos ayer

Se insultan públicamente, y comen juntos en privado

Y quienes nos la vivimos en el cerro, ¿qué código postal tenemos, eh?

De ‘senderos luminosos’ y otra vez, de ‘inteligencia’

Hacer cumbre es la mitad del camino; o menos, porque falta lo más pesado


San José de La Popa, Mina, N.L.- Dicen que las comparaciones son odiosas. A mí se me hace que las analogías lo son aún más, y para demostrarlo, van tres botones de muestra, que en seguida les platico:

1.- Estamos viviendo una postcanícula más calurosa que la que en sentido estricto comprende del 14 de julio al 24 de agosto en esta parte del hemisferio norte –aunque varía dependiendo del lugar–, y por eso no es propiamente la mejor época para excursionar en este cerro, que se encuentra perdido 18 kilómetros adentro hacia el sur de la carretera Monterrey-Monclova.

El ejido se llama San José de La Popa, y se llega ahí por un camino de terracería que pone a prueba los fierros de cualquier vehículo, no le hace que sea un “todo terreno” o un 4x4. 

Forma parte del municipio de Mina y lleva su nombre porque está al pie de un cerro que en su parte más alta, a 1,770 metros sobre el nivel del mar. Semeja justamente esa parte de los barcos.

En su mera cumbre, el vértigo se pone a prueba al pararnos justo en la orilla y tener abajo un impresionante precipicio que cae vertical más de 1,000 metros. Hagan de cuenta los fiordos de Noruega o de Irlanda, sólo que sin mar abajo, sólo puro desierto.

Creo que en el caserío de este ejido no viven más de 20 familias. Podrán muy apenas tener electricidad, y agua de una cisterna comunal, pero eso sí, no faltan su capilla, su panteón y sus antenas de televisión. No hay escuelas a la redonda, quizá por eso la población ahí es de gente –casi toda– arriba de 40 años.

Insisto: en esta época del año la ruta de ascenso a la Popa es extenuante. Nos tocó lidiar ayer con una temperatura de 40 grados centígrados, y aunque el cielo estaba medio nublado, nunca se cerró, y la lluvia esperada por los lugareños no cayó.

Hacer cumbre en este cerro –y en todos– es en realidad la mitad del camino o menos, y es increíble cómo el cuerpecito “se afloja” apenas la palabra “cumbre” bulle en la cabeza. Tenemos que hacer uso de toda la experiencia para “explicarle” al cerebro, a las piernas, al corazón, a los pulmones y a los brazos, que todavía falta lo más pesado, porque si avienta uno toda la “carne al asador” en el ascenso, esto es, si tiramos toda nuestra energía en esa parte del camino, la podemos pagar muy caro en el descenso, pues terminar sanos y salvos es también otra “cumbre” y quiza la más importante.

En la montaña, en esta época de intenso calor, una deshidratación, un golpe de calor o un shock de  fatiga conocido como “la pared”, significa –en serio– que hasta ahí llegaste, porque un paso más no se lo arrancas a tu existencia, a menos de que quieras muy poquito tu vida. 

Entonces, al tocar la cumbre se necesita hacer conciencia de que todavía falta lo más pesado. No en balde en ese resto del camino es cuando suceden la mayoría de los accidentes.

2.- ¿Los cuerpecitos de cuántos ya se aflojaron hoy en la vida política de nuestro país?  

Habiendo escalado la cumbre del poder político en México, a Andrés se le olvida que todavía le falta la parte más pesada. Una cosa es “hacerla” como candidato y otra muy distinta es cumplirle a quienes votaron por él como presidente.

Falta ver si no “aventó toda la carne al asador” en su campaña, y hay que ver si no va a quemar la que le queda en esta larguísima, inútil, desgastante y costosísima etapa de transición.

Vamos a ver si le aguanta el gas para cuando –después de hacer cumbre el 1 de julio– le falte todavía llegar al final de su mandato.

No vaya a ser –ni lo mande el Dios de Spinoza– que se le aparezca con toda su crudeza “la pared” del shock de fatiga, y del estadista que piensa en generaciones, nos resulte un político que sólo pensó en votaciones y elecciones.

Si para subir a la cumbre de la montaña se necesita experiencia, preparación y determinación, veamos si Andrés tiene en su haber esos tres factores cuando ejerza en la cumbre política de México, a partir del día en que Muñoz Ledo le cruce el pecho con su tan anhelada banda presidencial, obsesión suya desde hace doce años.

3.- Igual que él están los miles de legisladores que se morían por llegar a la cumbre del Congreso de la Unión. Ya llegaron de a gratis los pluris, por dedazo los familiares, los oportunistas, los ujieres y recomendados y –los pocos– por haber ganado las elecciones. ¿Y ahora qué? ¿Les va a alcanzar para los tres y seis años que vienen o van a tirar el arpa a la mitad o antes para irse a otros puestos y dejar colgados de la brocha a los electores?

En el argot de la montaña, a los que hacen cumbre y no les da para el resto del camino, se les llama “reventados”. 

¿Cuántos de esos políticos van a reventar en el camino que les falta, después de alcanzar la “cumbre” de sus aspiraciones en el Congreso, las gubernaturas o en las alcaldías que tanto pelearon y algunos siguen peleando?


CAJÓN DE SASTRE.

Mi Gaby dice irónica, mordaz e irreverentemente, que les da el beneficio de la duda.

Yo voy más allá. Les doy el beneficio de no creerles para darles oportunidad de que con hechos me demuestren lo contrario; sí, a mí, porque aunque no voté por la inmensa mayoría de ellos, soy mexicano, vivo en México y si mi Gaby y el dios de Spinoza –en ese orden– no disponen otra cosa, aquí mero voy a seguir.

placido.garza@gmail.com



Volver arriba