Hacer la valona


En el medio popular, para pedirnos ayuda no falta quien nos pida que le hagamos un paro, cálida frase a la que es muy difícil resistirse. En otra variante, en algunos pueblos jarochos te dicen “¡échame una viada!”, metáfora marinera, ya que viada es el empujón que se le da a un navío en la costa para que empiece su navegación. Más común es que nos pidan una mano o una manita. Pero hay una frase que sirve para lo mismo y cuyo uso ha venido a menos, “¡Hazme la valona!”, así que, antes que desaparezca, contemos algo de su historia.

Hacer la valona, en el lenguaje coloquial mexicano significa pedir un favor. Al parecer, la locución nació en los primeros años del Siglo XX y formó parte del argot de las tropas revolucionarias, que se encargaron de desparramarla por todo el país.

La palabra valona se introdujo en México a finales del Siglo XVIII. En ese tiempo, llegaron a nuestro país los regimientos borbónicos de Flandes, que venían de la Valonia (región al sur de Bélgica y norte de Francia). A los oriundos de este lugar los llamaban valones. Ellos trajeron a nuestro país una forma recitativa musical de aspecto andaluz, que tomó carta de naturalización en la región de Tierra Caliente, en el estado de Michoacán. Este género, que recibe el nombre de valona, subsiste y ahora es parte del folclor mexicano. Se caracteriza por su ritmo y por las ingeniosas improvisaciones de los versos organizados en décimas que se cantan con la misma tonada.

Pero ¿cómo es que la valona adquirió el significado de favor? Desde antiguo, en España se usó el término valedor, que según el diccionario de 1726, significa: «El que favorece, ampara o defiende».

En México, a la acción de un valedor se le llamó valedura con el sentido de “Ayuda, protección, servicio, favor”. De ahí, en el Siglo XIX nació la expresión “Hacer la valedura” con el significado de “hacer un favor”.

En 1916, Mariano Azuela escribió Los de abajo y en una parte se lee el siguiente párrafo: “–Mire, de que me cuadra una mujer, soy tan boca de palo, que si ella no comienza…, yo no me animo a nada – y suspiró–.

Ahí está Camila, la del ranchito… La muchacha es fea; pero si viera cómo me llena el ojo.

–El día que usted quiera, nos la vamos a traer, mi general. Demetrio guiñó los ojos con malicia–.

Le juro que se la hago buena, mi general… –¿De veras, curro?… Mire, si me hace esa valedura, pa’ usté es el reló con todo y leopoldina de oro, ya que le cuadra tanto”.

En este texto, se aprecia claramente que valedura se aplica con el sentido de favor, tal como ahora usamos valona. Un mecanismo típico en el lenguaje popular, es cambiar algunas palabras por otras que tengan cierto parecido fonético. Por ejemplo, hay veces que: Para decir “nada” se dice “naranjas”; para decir “ya estuvo” hay quien dice “ya estufas”; para decir “a la mala” se oye decir “a la malagueña”. Así, mediante este mecanismo, debió pasar que para decir “hazme la valedura”, alguien prefirió decir “hazme la valona”.

Hasta donde sé, todo indica que “hacer la valedura” ya hace muchos años dejó de usarse, dejando su lugar a “hacer la valona” que hoy, aunque en franca decadencia, todavía se le mueve la patita.

cayoelveinte@hotmail.com

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