Hay un único Dios


Este día nos ayuda a adentrarnos a contemplar el misterio de la Trinidad. A reconocer que sólo hay un único Dios. Nos dice el Deuteronomio: "¿Se ha oído algo semejante? Reconoce hay un único Dios". Afirmación clave. Dios se revela a sí mismo. La Iglesia nos propone la contemplación del misterio trinitario. Misterio que excede nuestras fuerzas humanas, pero al que podemos acercarnos con humildad para ser iluminados y fortalecidos en nuestra vocación cristiana. El libro del Deuteronomio expone la revelación de Dios uno. No hay Dios fuera de él. Los ídolos de los pueblos circunvecinos son nada. Por eso, nada más grande que ser fiel a la alianza que ese Dios único ha pactado con su pueblo. San Pablo se detiene a considerar nuestra condición de Hijos de Dios, de modo que verdaderamente podemos llamar a Dios Padre. Así, el Dios uno, se revela en su Palabra como misericordia, benevolencia ante los hombres. El evangelio nos propone las palabras de Cristo al despedirse definitivamente de sus discípulos. Éstos deberán bautizar en el nombre de la Trinidad. 

Este domingo contemplamos la verdad íntima de Dios, por medio de la Escritura y de la realidad del amor de Dios que se difunde en nuestros corazones. Algunos puntos para la reflexión:

1. Dios es uno. El texto del Deuteronomio es una afirmación explícita del Dios único y verdadero. El autor no trata aquí de hacer teología o una especulación abstracta, sino más bien exhorta al pueblo a creer en Dios y ser fiel a su alianza. Las pruebas de que Dios es el único Señor son palpables: el Señor se ha revelado en el monte Sinaí, en medio de una grandiosa teofanía; Él ha liberado a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Lo hizo con mano poderosa. El escritor se dirige a Israel como si fuera una persona y lo interpela: "mira que no se ha oído desde la creación del mundo que un pueblo haya oído lo que tú has oído; que haya recibido la revelación que tú has recibido" Y ¿cuál es ésta revelación tan solemnemente anunciada?: que Dios es uno. No hay dioses fuera de Dios. Dios es único y verdadero. Esto hay que reconocerlo en el corazón. Es la verdad central del Antiguo Testamento. Puesto que Dios es uno y Señor de todas las cosas, nada vale tanto como ser fiel a la Alianza que El ha pactado con su pueblo.

2. Dios es trino. Dios es misericordia. La confesión de la Trinidad es el misterio central de la fe cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos

Dios que nos había hablado antes por muchos modos por medio de los profetas, nos ha hablado ahora por medio de su Hijo único. Jesucristo es la revelación del misterio de Dios. Él nos confirma que Dios es "el único Señor" al que debemos amar con todo el corazón, con toda la mente y con todas las fuerzas. Pero Cristo, plenitud de la revelación, también nos deja entender que Él mismo es "el Señor". "Me llamáis el Señor, y es verdad", dice Jesús. En realidad, confesar que Jesús es "Señor" es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el único Dios. Por eso, aquí nos encontramos ante el misterio: Dios es uno y, a la vez, Dios es trino. Una sola naturaleza, tres personas distintas. Creer en el Espíritu Santo como "Señor y dador de vida" no introduce ninguna división en el Dios único. En efecto, nos dice el concilio de Letrán: "Creemos firmemente y afirmamos sin ambages que hay un solo verdadero Dios, inmenso e inmutable, incomprensible, todopoderoso e inefable, Padre, Hijo y Espíritu Santo: Tres Personas, pero una Esencia, una Sustancia o Naturaleza absolutamente simple.

3. La experiencia de Dios. En el sentir popular la santidad se ve como algo reservado para algunos privilegiados. Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice algo diferente: Dios llama a la santidad a todos los fieles; los llama a una intimidad particular. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. ¡Cuánto bien podemos hacernos a nosotros mismos y a las almas que se nos han encomendado, pensando que Dios me llama a una profunda amistad! ¡Dios desea que yo sea su amigo! Se trata de hacer experiencia del amor de Dios. No de un amor de poesía o irreal, sino un amor actual, concreto, hecho obras. Un amor que se experimenta en la vida diaria, en el sufrimiento, en la entrega al prójimo, en los momentos más obscuros de la vida. El alma que se siente siempre acompañada de Dios, puede sufrir, pero nunca caerá en la desesperanza o en el abandono. Hagamos la "experiencia de Dios", sabiendo que cuando estamos en gracia, somos templos de la Trinidad Santísima y Dios mora en nuestro corazón.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.


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