Hiperparenting vs. Underparenting


Durante las dos semanas anteriores hemos revisado un tema que a todos nos ocupa: el modelo de crianza que se está utilizando para las nuevas generaciones. 

La primera semana, te compartimos un test para identificar si eres un hiperpadre, la segunda comentamos los estilos de esta hiperpaternidad y como reconocerlos y hoy revisaremos las posibles alternativas para establecer un equilibrio entre este modelo y la exigencia social a la que están expuestos.

Eva Millet, periodista y la autora del libro Hiperpaternidad, nos hace la siguiente pregunta: ‘‘¿Quieres hijos perfectos o felices? Los hijos han pasado a convertirse en el centro de la familia y, a menudo, alrededor suyo orbitan los progenitores, dispuestos a ejercer, con la mejor de sus intenciones, de superpadres.

¿Cuál es el problema?: Un estrés brutal, que afecta seriamente a la salud familiar”, alerta esta experta. Aunque ejercida con la mejor de las intenciones, la hiperpaternidad está pasando por alto temas tan importantes en el desarrollo de los niños como la autonomía, la resistencia a la frustración, el  esfuerzo y el tiempo libre. 

La buena noticia es que, el panorama tiene solución. La alternativa se llama underparenting o que nos invita a hacerles menos caso, respirar profundamente, hacer de tripas corazón y tomarse el rol de padre de manera más relajada, permitiendo y brindando un espacio para que los niños jueguen y se aburran, para que se equivoquen y adquieran responsabilidades y autonomía. En pocas palabras aprender a gozar el ser padres, para que también ellos gocen de ser hijos, es el primer paso para salir de la vorágine de la hiperpaternidad. “Educar es dejarles ir”, asegura Eva Millet. “Puedes empezar por un pequeño gesto tan sencillo como dejar que lleven su mochila. Continúa por dejarles que ayuden en casa y por no preguntarles todo”. En su opinión, “la familia no tiene que ser una dictadura pero tampoco una democracia asamblearia”.

Las estrategias propuestas por este modelo son:

Educar con Valores.

Educar el pensamiento creativo pero no el desorden.

No todo son triunfos, trabajar en al tolerancia a la frustración.

Jugar a no hacer nada.

Tiempo para escuchar.

Valorar la individualidad de los hijos.

Enseñarles a debatir con argumentos reales y no con vísceras.

Identificar y respetar las figuras de autoridad.

Desarrollar la felicidad dentro de la familia. Como padres de estas nuevas generaciones no podemos enfocar la educación de nuestros hijos sólo para el éxito; tienen que aprender también de los fracasos; eso es aprendizaje para la vida.


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