If you want it you got to believe. Lenny Kravitz.


¡Qué buen concierto dio Lenny Kravtiz el domingo! Después de tantos años de carrera, logros y premios sigue subiendo al escenario con la misma energía de sus primeros shows, pero con un colmillo y entendimiento que sólo el kilometraje puede dar. 

Canta mejor que nunca, toca mejor que nunca, baila, conecta y tiene decenas de hits. Y, aunque extrañé un poco a Cindy Blackman en la batería, trae un bandón que incluye a quien estuviera muchos años con David Bowie en el bajo, Gail Ann Dorsey y mantiene a su lado a uno de mis guitarristas favoritos, Craig Ross. 

Sí, soy muy fan, y me dieron más de lo que esperaba, fue un concierto brutal, una cátedra de rock and roll. Aunque tuve la oportunidad de saludar un montón de amigos y colegas en el show nunca deja de sorprenderme un poco la manera en que nuestra ciudad consume la música en vivo.

Desde unos días antes me di cuenta que los boletos estaban al dos por uno y esto sólo indicaba que la venta no iba bien, y como ya habíamos hecho un poco el ridículo con la baja asistencia a David Byrne en Pabellón M me empecé a preocupar.

Es verdad que los boletos eran caros, es verdad que fue una semana antes de Pal Nte, el festival más grande del país y es verdad que la oferta de conciertos sobrepasa la demanda, pero mi hipótesis es que como comunidad batallamos mucho para apreciar a los artistas de rock consagrados en activo.

Entiendo que la música popular es un mercado cruel, donde la novedad es más importante que la calidad, donde lo que entra por los ojos es más importante que lo que entra por los oídos, donde la nota de cómo se vistió la gente es antes que la reseña de la música que se presenta en un festival y donde la volatilidad de la moda puede esconder del ojo público al más talentoso exponente.

Pero decenas de Grammys, cuatro años seguidos como mejor cantante masculino, premios MTVs, Premios VH1s, American Music Awards, Britt, Billboards, grabar todos los instrumentos de sus discos, además de ser el productor y el compositor y ser de los pocos artistas en activo dentro de la lista de los mejores de todos los tiempos de la Rolling Stone no puede pasar medio desapercibido. 

No puede ser que las nuevas generaciones lo conozcan más por su aparición en Hunger Games y no puede haber trolls millennials poniendo en duda su impecable carrera en las redes.

Que la Arena Monterrey haya tenido un sold out un día antes con Bad Bunny y los promotores de Lenny no hayan tenido un buen negocio no habla mal del reggaetón, habla mal de nosotros.

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