I´m like a beggar in the sand with the sky in his hand. T Rex.


El viejo refrán que dice "más sabe el diablo por viejo que por diablo" no aplica para la industria del entretenimiento. Entre más experiencia tengo, entre más estudio, menos la entiendo. Al final del día la juventud y la novedad rigen las tendencias de consumo, por lo que la madurez y el gusto que mejora con los años son muchas veces enemigos de las modas.

Pero, lo que no deja de sorprenderme desde el día uno es cómo se me aparece casi a diario el término "apoyo". En entrevistas: ¿Qué hacen para apoyar nuevas bandas? En redes: Veo que apoyas nuevos talentos, échanos la mano; en los conciertos: hay que apoyar a los actos emergentes; en las quejas de las bandas: es que nadie apoya el nuevo movimiento, no hay apoyo ni espacios.

Esto siempre me ha sonado como si tratáramos al rock como un pobre vagabundo, como alguien que necesita de nuestra limosna, de nuestra comprensión; alguien que sin nuestro "apoyo" no puede sobrevivir. El rock, por rebelde o arriesgado que sea, se rige por las mismas leyes de mercado que cualquier producto, y para competir debe de dejar de pedir apoyo y ofrecer una experiencia que atraiga al consumidor.

De la misma manera que un café artesanal es capaz de encontrar un nicho y ser un buen negocio frente a las franquicias más poderosas del planeta, igual que un viñedo de producción limitada puede crecer en una de las ciudades donde más refrescos se consumen en el mundo o igual que un huerto orgánico no depende de las ofertas de los grandes supermercados.

Sí, el rock es un nicho y como tal debe de encontrar su ventaja competitiva, en precio, en calidad, en moda, en experiencia; ¡en lo que sea! Pero debe de dejar de pedir apoyo como si fuera una obligación de buen samaritano escuchar una canción.

Al final del día nadie regresa a un restaurant que no le gustó, o no vuelve a comprar algo que no le funcionó sólo porque tenemos que apoyar el mercado local que está siendo invadido por las grandes corporaciones.

Hay que ser creativos para, con herramientas limitadas, encontrar una audiencia y atraparla, cautivarla, retenerla y aumentarla. ¿Cómo? No hay una respuesta que funcione para todos, es más no hay una respuesta. Pero podemos empezar por entender que si bien somos artistas, debemos también saber que para llevar el arte a una audiencia tenemos que visualizar nuestro acto como un negocio propio, con muy poco presupuesto, en un mercado donde el rock nunca ha sido popular y con periodos de vida cada vez más cortos: ¡Todo un reto para el mejor de los empresarios!

O sigan pidiendo que apoyen a los pobrecitos incomprendidos.



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