I’m not surprised and really, why should I be? Elliott Smith


La semana pasada leí una historia donde una ‘influencer’ contactó a un hotel boutique pidiéndole pasar ahí el fin de semana a cambio de menciones en sus redes sociales, cuando el hotel rechazó la oferta la estrella cibernética 

llevó su indignación a una campaña de difamación 

contra la compañía. Sí, a esto hemos llegado.

Entiendo perfecto que cada generación debe de romper por deporte con las formas de la anterior, que hay una edad donde todos creemos que sabemos todo sin saber nada y que estamos en una era en la que los medios de comunicación mutaron muy rápido y de manera muy agresiva, pero era imposible pensar que la popularidad en la sociedad iba a reemplazar a las celebridades y peor aún, a los líderes de opinión.

Hace muy pocos años teníamos por un lado a la gente que era famosa porque tenía algún tipo de talento: era buen actor, buen músico, bailarín, cómico, etc. Por otro lado, gente especializada que por haber vivido cerca de una disciplina logró tener el trabajo de analizarla y criticarla en algún medio certificado para hacerlo, éstos eran lo líderes de opinión, o mejor conocidos como críticos.

Y sí, era un sistema que estaba muy lejos de ser perfecto, había artistas que habían llegado a la fama más por guapos que por talentosos, había críticos muy amargados que hacían reseñas horribles sin escuchar a fondo los discos o con agendas compradas; y con esto un millón de injusticias en carreras artísticas que se quedaban a la mitad de 

su potencial. Pero el juego seguía siendo el de exponer talento y promocionarlo para encontrar una audiencia.

De pronto llegaron los primeros ejemplares de una nueva especie: la celebridad que no hace absolutamente nada. Y a nadie nos pareció extraño que de pronto veíamos en las portadas a Paris Hilton o las Kardashian, y que no nos platicaban de su nuevo disco o su nueva película, sino que lo que importaba era su vida personal, su glamour y sus intentos artísticos eran meros subproductos de su fama.

Los canales que promocionaban música dejaron de hacerlo y buscamos en shows de realidad nuevas estrellas de la nada, y como era de esperarse, encontramos sustituir a los líderes de opinión con gente de esta nueva especie, gente que no sabe nada para criticar celebridades que no hacen nada. 

El día de hoy la popularidad de estos críticos los convirtió en ‘opinólogos’ profesionales, nos informan de política, de música, de cine, de moda, de arte con toda la autoridad. Pero, ¿por qué le creemos más a la niña bonita de la generación o al quarterback popular que a la gente que domina a fondo una materia?

¿Porque es viejo, obsoleto o pasado de moda? Perdónenme, pero la pasión jamás pasará de moda, no importa la cantidad de seguidores, el medio o el lenguaje, alguien que se dedica con pasión a una disciplina merece toda nuestra atención y nuestro respeto; alguien que opina sin saber, sólo porque es popular, desinforma.


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