Imaginar distinto


Le gustaba escribir. Pero el destino le gritaba Bimbo, Cemex, Foco o un trabajo en los muchos pequeños talleres de la colonia La Moderna, su colonia. Eso era lo que "tocaba" hacer cuando terminara la secundaria. Pero a Toño, le gustaba escribir. 

El crecimiento personal, ese potencial de desarrollo que todos tenemos, ¿es responsabilidad del individuo o del medio ambiente en el que vive? Porque una niña o un niño que entra por primera vez al kínder tiene muchos destinos posibles, que de a poco, o de a mucho, van podando las circunstancias de su vida.

Una beca, un maestro, los amigos, la colonia, la determinación, la pandilla, un alcalde, la voluntad, un mentor, un abuelo puede cambiar el destino "que toca". Lo reconoce Amartya Sen, premio Nobel de Economía por "su contribución al análisis del bienestar económico" en 1998.  En su libro Development as Freedom considera como principal indicador del desarrollo de un país el grado de libertad que tienen las personas para decidir y actuar a favor de su crecimiento personal.

Por eso no se vale dejar sillas vacías en el diálogo de la educación. Todos somos educadores, conviviendo y siendo aprendemos los unos de los otros. Sentido de comunidad va desde la cercanía de la familia hasta los círculos lejanos de la pertenencia al país, al continente, al mundo, como los círculos que hace una piedra cuando cae en el agua. Así aprendemos unos de otros, bloqueando o impulsando esos muchos destinos posibles que tenemos cuando somos niños.

Existen distintos diálogos en el tema de la educación, pero quizá podamos coincidir en que México necesita una educación que transforme personas creando mejores destinos para los mexicanos, porque sabemos que la desigualdad y la falta de oportunidades crean sociedades de riesgo, sociedades inseguras, violentas, desesperanzadas, infelices.

Antonio Ramos Revillas creció en los años 80, cuando los destinos probables para los que vivían en la colonia La Moderna era repetir la historia de sus padres, de sus abuelos: trabajar en las fábricas del "barrio". Pero a él le gustaba escribir, escribía cartas de amor para sus amigos adolescentes que buscaban novia con palabras que no tenían. Hoy Toño es escritor, uno de los mejores 20 narradores menores de 40 años del país de acuerdo con el Hay Festival, el British Council y Conaculta. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al francés, al polaco.

"Las letras me salvaron", nos dijo en la reunión del Libro Club de Nora Guzmán que este mes sesionó en La Casa Universitaria del Libro. "Nunca me imagine que un día estaría aquí, frente a ustedes". Comentábamos su novela Los últimos hijos.

Y es que la realidad, alguna vez, supera lo imaginado. Lo escuché de nuevo, tres veces en la misma semana. "Nunca me imaginé estar aquí" (en el auditorio del EGADE compartiendo su experiencia como "repollo" en el programa para comunidades abiertas Red SumaRSE), dijo Luis Gerardo Ramos en el panel del Informe Anual de Vía Educación. Tiene 15 años. Él y sus amigos logran recuperar el parque de su colonia que el Huracán Alex había destruido y los colonos abandonado por falta de recursos, de habilidades, de oportunidades. "Nunca me imaginé estar aquí", repitió en el mismo evento César Antonio García, 18 años, mentor del programa Jóvenes a Tiempo, quien dedica sus sábados a contagiar la idea de "hacer la Prepa" a los alumnos de tercero de secundaria.

Hoy la ciudad tiene otras voces, voces que gritan "nini, delincuencia, trabajo", César susurra "prepa, prepa" y luego, quizás, algo más. Sí a la reforma educativa, a pesar de sus imperfecciones, a pesar de su impaciencia que desentiende el paso del cambio que transforma y que no lleva ritmo de sexenio.

Las circunstancias de la vida podan destinos. Sí, pero no podrían desligarse de la responsabilidad del individuo que imagina y se compromete con eso que imagina.  Nuestro trabajo de educadores es crear ambientes de oportunidades, no de excusas, en este hacer desde cada trinchera por una educación que transforme. 


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