In Your Eyes, Peter Gabriel


En todas los libros de mercadotecnia hay un espacio donde se menciona la importancia que tiene el empaque para vender cualquier producto. Un buen empaque, con diseño innovador, colores llamativos o con la suficiente originalidad puede vender bien hasta el peor de los artículos. 

Un tequila malo rodeado de bikinis y diversión, un chicle sin sabor dentro de un juguete novedoso, un mal café disfrazado de un estilo de vida exitoso y ni hablar de la envenenada que nos puede dar la comida rápida tan vestida de novedad y alegría.

En la música, al igual que en cualquier otra industria el empaque tiene demasiada importancia a la hora de vender una canción, pero este ramo se enfrenta a un gran dilema: Con el cambio de formato, ¿cuál es ahora el empaque? 

Empacar una colección de canciones en eras pasadas donde se comercializaban formatos físicos era relativamente fácil, un buen diseño gráfico, buenas fotos, un buen video y show de luces decente podían vestir de la manera más profesional cualquier tipo de música.

El problema es que el streaming ganó la batalla en el cambio de formato creciendo de manera exponencial, mientras los cd´s y los archivos descargables presentaron tendencias a la baja y aunque el vinil parece renacer está siendo atractivo sólo para un pequeño nicho de mercado. 

Así que el gran empeño que se le puede llegar a poner a un diseño gráfico o a una fotografía de lo más cuidada se ve ahora en nuestra pantalla de celular rayada y sucia, en un tamaño de dos por dos centímetros. Y sí, a algunos le picas y sale la letra y no voy a repetir que como mercado preferimos la portatibilidad contra la calidad, el problema es que esa pequeñita imagen ya no es el empaque que solía ser.

Entonces, ¿qué viste a una canción como producto el día de hoy? Podemos debatir por horas, pero en mi opinión las redes sociales se volvieron sólo aparadores, el empaque es hoy y ha sido siempre el artista.

Por eso nos gusta una buena voz o una buena canción siempre y cuando salga de alguien guapo o guapa, joven, vestido de manera interesante, excéntrico, que nos rete, que nos haga fantasear que somos ellos o que podemos ser su pareja.

Esto no habla nada bien de nosotros como consumidores, pero así gastamos nuestro dinero, la música es un producto que deberíamos de escoger sólo utilizando nuestros oídos, pero los trucos más básicos de la mercadotecnia aplicados a la música nos logran hipnotizar todos los días para volver a comprar otra ilusión óptica, aunque el producto que envuelve  no necesariamente nos guste.





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