Instantes y espacios para el adulto mayor


"El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano... y en la vejez fructificará, estará lleno de savia y frondoso." – Salmos 92, 13-15 (RVA 2015)

· Hace algunos días comentábamos con Manuel Aldrete, flamante presidente del Consejo de ERIAC Capital Humano, sobre la conveniencia de reactivar, de manera institucional, la inclusión de los adultos mayores, generando los espacios apropiados en las organizaciones. ¿Nos encontramos en una coyuntura demográfica- económica para que se haya convertido en un imperativo?

· Se ha repetido hasta el cansancio la necesidad de comprender a los  Millennials emergentes para que su paso por el mundo laboral sea gratificante, pero raramente volteamos la mirada hacia la realidad poblacional que indica que contamos con 13 millones de personas en México cuya edad de retiro real es ya de 72 años promedio (aproximadamente, la expectativa de vida actual), porque estos adultos requieren continuar trabajando. Como referencia, la edad legal de 65 años para el retiro se estableció en Alemania a finales del Siglo XIX, momento en el que ahora, en un contexto y realidad dramáticamente diferente, pretendemos que nuestros adultos "dejen de trabajar". 

· Podemos constatar que la esperanza de vida sana, los sistemas de salud, así como la ciencia y tecnología que los soporta, han mejorado considerablemente y tal vez estén experimentando mejoras exponenciales como muchas otras dimensiones de esta era digital. Por otra parte, los adultos mayores pueden y quieren seguir trabajando. Un estudio reciente indica que el 60% de esta población está dispuesta a continuar trabajando ante la posibilidad de ocupar puestos adecuados o llevar a cabo actividades propias de su edad. Es irónico que estemos preocupados y ocupados en rediseñar el contexto de trabajo reaccionando a las presuntas demandas de los jóvenes, y no hacemos ajustes mínimos, como sociedad, como organización y como responsables de la gestión del capital humano, para atender a una población que inevitablemente está envejeciendo. 

· La fórmula para atraer, ocupar, compensar y desarrollar al talento mayor se antoja compleja y ambigua, pero ante tal riqueza de actitud, experiencia y sabiduría ¿no vale la pena esforzarnos un poco más? Por otra parte, emplear a esta población coadyuva al fortalecimiento de una economía sana y progresiva. Un fenómeno mundial sin duda, pero otros países ya han tomado las riendas proactivamente. 

· Mario Benedetti proclama que un instante es "el cruce de dos tiempos, o el cruce de dos rumbos, o el cruce de dos vidas". Esa encrucijada confronta ahora al adulto mayor que quiere, requiere y puede trabajar, con el empleador potencial, que puede hacer que ese espacio e instante sean una realidad. ¿Nos sumamos todos a esta iniciativa? 


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