Juntos, pero no revueltos


Todo aquel que viva o haya vivido con alguien –ya sea por unión libre, matrimonio, comunidad, roomie, etc.– no puede negar que una condición tangible es la convivencia, y dentro de ella el aprender a compartir TODO, si desde los espacios, la comida, incluso la ropa, el espacio personal se empieza a reducir y en el caso de las mamás, a dejar de existir si lo permiten. No es de extrañar que cuando hay la posibilidad de disfrutar un tiempo contigo mismo, es la felicidad total; es más, te puedes volver frenético en pensar en todo lo que quieres hacer, desde dormir a todo lo largo de la cama, desayunar tranquilamente, comer lo que tú quieres, disfrutar de un largo baño, tener el control de la televisión

y ver ese programa o esa película que tanto te gusta. Ahora imagina, si alguien te dijera que existe la oportunidad de elegir continuar juntos, pero cada quien en su casa; suena tentador, ¿verdad? Bueno, la realidad es que este tipo de modalidad se está volviendo cada vez más popular sobre todo entre la población más joven, ya que están renuentes a renunciar a su libertad y a lo que han logrado con su esfuerzo –por ejemplo, la casa–, pero también es una opción bien vista entre aquellas que por alguna razón se han divorciado o han tenido dolorosas experiencias, pero siguen creyendo en la posibilidad de rehacer su vida en pareja, pero sin sacrificar su espacio personal. Pero, como en cualquier otro tipo de relación, este enfoque de vida también tiene sus pros y sus contras. Empecemos por el lado bueno. La principal ventaja de esta fórmula es que permite disfrutar de un espacio, tanto físico como mental, propio, en el que cada persona tiene más tiempo para dedicarse a sí misma, a sus amistades o a sus "hobbies".

Además, las tareas domésticas y aburridas quedan excluidas de las horas que comparte la pareja. No hay que limpiar, hacer la comida, lavar los molestos trastes, etc. Estas parejas, disfrutan juntos periodos cortos, pero intensos y gratificantes, como los fines de semana o los viajes exprés. Se acabaron los conflictos provocados por las tareas del hogar y las manías de cada uno dejan de convertirse en un motivo de molestia o agobio para el otro. Es lo que los sociólogos David Knox y Caroline Schacht llaman el "efecto de la saciedad" en su libro Choices in relationships. Su teoría es que, cuando estamos expuestos durante un largo periodo al mismo estímulo (llamémoslo convivencia) nos volvemos menos sensibles a sus efectos. Es decir, valoramos menos la intimidad, el cariño o la complicidad. Pero, como todo, existe también el lado oscuro de esta modalidad, iniciando por el dinero, el pagar doble por todo no es una solución al alcance de todos; esta modalidad también dificulta el poder estructurar una familia, soledad, dificultad para estrechar lazos, menor disponibilidad para las relaciones sexuales.

Recuerda, lo que se busca es espacio, pero también hay algunas situaciones (terceras personas) que caben donde hay espacio; este tipo de relaciones debe estar basada en la confianza, así que los celos deberán quedar fuera de esta ecuación. Otro factor que debes conocer es lo que dice la estadística: según los sociólogos Malcolm Brynin y John Ermish, autores del estudio Changing relationships, después de cuatro años viviendo separados, el 45% de estas parejas rompen, el 35% deciden irse a vivir juntos y el 10% casarse. Si después de haber leído este artículo consideras que esta opción es para ti, te aconsejo que revises los siguientes puntos: esta modalidad es un elección en ningún momento es impuesta o demandada, ya que así perdería su flexibilidad; deberán estar los dos de acuerdo plenamente y no por satisfacer al otro. Después de reflexionar lo anterior viene el tema del tiempo, algunos asignan días, otros son espontáneos y sólo se ven cuando tienen ganas; es una manera muy práctica de evitar confrontaciones al final de un mal día; el dinero, llevar cuentas separadas evita muchos malos entendidos, comparaciones, además de permitirte llevar el control de tus finanzas con el sistema que más te satisfaga; la casa recuerda que es tuya, el otro podrá dejar algunos efectos personales, pero el control y la dinámica es la que tú marques. Al final cada pareja es diferente; cada una es libre de tomar la mejor decisión que se adapte al objetivo que quiera alcanzar.

La Mtra. Nora Lilia Zambrano Vázquez, catedrática de la Fac. de Psicopedagogía del Centro de Estudios Universitarios, es psicóloga, con especialidad en Neuropsicología y tiene una maestría en Asesoramiento Educativo Familiar.


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