Korima


" Korima muniki, korima shunuku" (comparte conmigo un poco de frijol, un poco de maíz), –escribe de su experiencia en la Sierra Tarahumara Santiago Tejedor. El idioma español no tiene una palabra para describir este concepto de solidaridad con la que los rarámuris garantizan la supervivencia de su comunidad.

El lenguaje, como la humanidad, cambia con el tiempo. Algunas palabras mueren, otras nacen, unas se importan de otras culturas, algunas salen al extranjero. Korima. ¿Por qué no utilizarla? Una palabra de la casa, los rarámuris viven aquí en México, en el estado de Chihuahua. Tal vez la solidaridad pudiera ganarle terreno a los usos y costumbres de la desigualdad.

Somos en soledad, pero también con los demás. Para Confucio, las personas no debieran colocarse en una categoría privilegiada (superior), sino relacionar su propia experiencia con la del otro en términos de igualdad. Las palabras parecen describir lo que hacemos en las redes sociales. Y sí, nos relacionamos intercambiando experiencias, pero a menudo con el afán de mostrar más felicidad, más sabiduría, más poder económico, traducidas al lenguaje de las redes, fotografías de fiestas, frases (de forward), viajes y zapatos. Así, la tecnología de las relaciones humanas utiliza a las personas para contarlas como canicas, reduciéndolas a estadísticas de mercado. Con las redes se crea un nuevo indicador para clasificar a las personas, medible en seguidores y likes .

El capitalismo reduce las personas a intereses personales un tanto egoístas; la psicología evolutiva, a impulsos del cerebro primitivo; el multiculturalismo, al color de la piel; la diversidad sexual a la preferencia; el marxismo a la clase social, y el consumismo le apuesta al vacío espiritual que intenta llenarse con el placer de comprar. Desde aquí, sumamos y restamos hasta dar con el valor de la persona.

Korima muniki, korima shunuku. ¿Qué es primero, la palabra o el pensamiento? No lo sé, los lingüistas no se han puesto de acuerdo, pero la palabra sin duda animaría la experiencia. Korima, bajo esta perspectiva, la persona puede reconocerse a sí misma y al otro en igualdad de dignidad. "No es un préstamo. No es una limosna. Se equivocaría gravemente quien pensara que es un hecho desde la misericordia o la lástima. No genera ni exige ninguna contraprestación u obligación futura. No es una deuda. No es un favor. Es una ayuda que ni se vende ni se presta. Es un compromiso de solidaridad. Es compartir. Y no implica para quien la solicita ni vergüenza ni humillación, ni deshonra" –continúa el escritor de Amara, un viaje tras las pisadas del pueblo rarámuri.

¿Conoces a ...? Es el argentino, vegano, dentista, corre, es maratonista, y bajando un poco la voz, "es gay". La cultura nos hace pedacitos, ignorando el inmenso valor que tenemos, simplemente porque somos personas. La dignidad no necesita títulos, ni seguidores o cuentas de banco. La dignidad está en todos, un valor intrínseco que nos ganamos aún antes de nacer. Por eso cada encuentro entre personas debería tener el sello de la igualdad en dignidad a pesar de las diferencias.

Me alegra enterarme de compañías como Refunite, que utiliza la tecnología de la comunicación conectando a más de 1 millón de refugiados a con sus familias.

Trabajando con agricultores africanos en la plantación de café, Starbucks reduce la pobreza en ese continente. No es caridad, es korima. Porque la caridad puede tener su lado oscuro, una tentación de subir el pedestal de la generosidad. Y así, cuando las miradas se encuentran, tienen alturas diferentes. La solidaridad genera utilidad de empresa y también utilidad en el bien social, lo hace Danone, MasterCard, Whole Foods, Chobani.

Podemos copiar korima, esas pequeñas acciones en nuestra comunidad que resaltan la solidaridad, la interdependencia y la igualdad en dignidad; o podemos seguir con los prejuicios y tradiciones que generan exclusión, rivalidad, supremacía. 


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