La banalidad del discurso de campaña


"Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería", Otto Von Bismarck

¿Qué dicen los discursos de campaña? ¿Qué se puede entender de esa tremenda y ruidosa cacofonía? ¿Cuál es el tema? ¿Alguien entiende algo? Yo no.

En el nivel nacional, unos centran su discurso en sí mismos (yo soy el bueno), otros en los demás (ellos son los malos) y unos más tienen un discurso dual (soy pero no soy). En el nivel local, el "discurso" parece un encefalograma de una misma cabeza con múltiples personalidades, con un manejo surrealista del tiempo: fuimos mejores, hoy son malos, volveremos a ser mejores. Todo al mismo tiempo, tránsfugas de las leyes del tiempo y la materia. Son, pero no son.

En ambos niveles el discurso es de una extraordinaria y ¿perversa? simplicidad. Se entiende que candidatos, estrategas y dirigentes de campaña quieran expresar grandes y complejos problemas de manera sencilla, bien por eso. Pero la realidad es que eso se mezcla con medias verdades y medias mentiras, estadísticas que se organizan para que digan lo que se quiere y datos que se mezclan con apuestas por el miedo o el sentimiento. También escuchamos el absurdo discurso del "todo" y de la "solución mágica", cuando en realidad no dicen nada. Promesas huecas que apelan a los sentimientos y que dejan de lado las limitaciones presupuestales y regulatorias, los cómos y los cuándos. ¿Mentiras descaradas o suaves expresiones de "el fin justifica los medios"?

Con esas referencias tenemos que tomar decisiones. Con esos referentes, con esos parámetros, los ciudadanos, uno a uno en la soledad de la casilla de votación, debemos tomar una decisión, hay que elegir por quién votar. ¿No parece banal y pueril que apostemos nuestro futuro bajo esas bases?

¿Y en el colectivo? ¿Cuál será el efecto de un masivo discurso de esta naturaleza sobre la sociedad? El sistema de partidos y los mecanismos de elección en democracia representativa se repiten periódicamente, así que usos y costumbres, nombres y caras, son los mismos. También los mecanismos de promoción y los discursos de campaña. ¿Tendrá algún efecto duradero sobre el colectivo social?

No quiero exagerar ni decir que todo discurso de campaña es perverso, mentiroso o parcial. Tampoco quiero derivar de esta idea todos nuestros males futuros, pero sí quiero reflexionar sobre el efecto de los discursos de campaña y su efecto y persistencia en algunos segmentos de la sociedad. Ejemplos: Barack Obama nació en África, España nos roba, Juan Manuel Santos es castro-chavista, la "santidad" de Eva Perón, la "guerra" económica, los judíos son el origen de todos los males,  Martin Luther King tenía amantes y participaba en orgías, ese avión ni Obama lo tiene, ofrecen amnistía a criminales, los hispanos son criminales y violadores y un largo, muy largo etcétera. ¿Más ejemplos? Bueno, como todo se vale en campaña, en México, quienes tenemos edad todavía nos acordamos del chupacabras.

¿Qué hacer? 

En lo colectivo, apuntar a cambios formales, luchar por un sistema electoral y de partidos que facilite el intercambio de ideas y obligue a los candidatos a contrastar propuestas. No más batallas de eslogans. Otra manera sería crear mecanismos de obligación y responsabilidad solidaría, los partidos e "independientes" tienen que ser responsables de la inscripción de candidatos "transgéneros" que no lo son, de la recolección de firmas respaldadas con fotocopias, muertos y fantasmas. Es absurdo que nos digan que no saben, que no vieron o que fueron engañados.

Al final, el último recurso es resistir en lo individual, la autocomplacencia intelectual no es buena consejera, no vale la pena hacer nuestro un discurso banal y mentiroso, no vale la pena convertir nuestra palabra en diatriba o descalificación. No vale la pena romper con amistades y familia por ningún discurso o candidato.



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