La forma del agua


El amor es un tipo de locura, decía Platón, una locura divina.

Guillermo del Toro ganó el Globo de Oro al Mejor Director con el filme La forma del Agua. Siete fueron sus nominaciones. “Desde niño he sido fiel a los monstruos, me han salvado y me han absuelto, porque creo que son los santos patronos de nuestras imperfecciones”, declaró. 

La forma del agua se estrenó ayer en México, y cuenta la historia de amor entre Elisa, una mujer muda (Sally Hawkins) y una criatura del agua (Doug Jones). Estamos en Estados Unidos, es 1962 y Elisa trabaja como afanadora en el laboratorio donde se estudia un monstruo acuático atrapado en una cápsula de agua. 

El filme invita a regresar a las profundidades del agua y encontrar un lenguaje más adecuado para la complejidad de la comunicación de nuestros días. Es un cuento de hadas y a la vez un cuento de terror, me pareció estar leyendo a Borges, su literatura fantástica. En La forma del agua, el único hecho fantástico es la criatura estudiada en el laboratorio de alta seguridad, todo lo demás está fabricado de lo cotidiano. 

Lo fantástico y lo real. La fantasía como mito. Porque a veces tenemos ganas de retirarnos del mundo, de contarnos historias de princesas mudas como la sirenita Ariel, o de las que limpian castillos sin ser reconocidas como Cenicienta. 

Cuentos como mitos que, sin tener hechos reales, no modifican la realidad como las fake news, sino que expresan verdades con símbolos cuando la realidad parece indescifrable. Como sucede en el amor de pareja al que hoy ponemos cara de juventud, de un cuerpo en forma, en fin, algo así como “belleza” de revista, un amor que ofrece sexo de entretenimiento, felicidad egoísta, bienestar material, o acompañamiento de sociedad, pero que también busca lo siempre repetido: eternidad, amistad, comprensión, compañía de alma. Los mitos expresan con profundidad los sentimientos que experimentamos los seres humanos. 

Me conecté con el monstruo, con su sabiduría del amor. Elisa es una princesa exigente, no se conforma con ser rescatada de su invisibilidad para ser “por siempre feliz”. “Cuando me ve, no sabe que estoy incompleta. Me ve como soy”, dice con sus manos que hablan. No es la princesa muda, sino el símbolo de una experiencia humana con lo que nos identificamos. ¿No es esa una verdad profunda del amor? Contemplar la totalidad de la persona. La criatura del agua no permite que las imperfecciones de Elisa bloqueen su mirada. Una verdad representada por un monstruo, un símbolo, por eso “salva y absuelve” a Guillermo del Toro, por eso es “santo patrono de imperfecciones”.

Mito se confunde con falsedad porque su realidad tiene forma de centauros, de sirenas, de caballos que vuelan y príncipes escondidos en ranas. Más no todos los mitos tienen nombres griegos o de monstruos. Llamamos mito a las creencias compartidas extendiendo su significado y muchas de ellas son falsas, como que un rayo no cae en el mismo lugar dos veces o que dejar de fumar provoca aumento de peso. La mitología de nuestros días está hecha de información, explicaciones científicas, de hechos, anula el significado del mito-símbolo con el que describimos lo difícil de expresar. 

Imaginar nos permite salirnos del drama de la realidad y expresar lo complejo de la naturaleza humana, sus misterios. Para Del Toro, “sólo un mexicano puede gozar tanto de la vida, y al mismo tiempo, hablar de oscuridad y terror”, quizá el cantar y el contar mexicano conserve algo del sentido real de los mitos, y aunque las catrinas y el cempasúchil pertenecen a una cultura como en Coco –la película de Pixar también reconocida en los Globos de Oro–, la experiencia de la muerte es universal. 

En la antigüedad griega, los locos tenían algo de sagrado. Eran poseídos por la divinidad, la locura poética era inspirada por las musas; la locura mística, por Dionisio; y la locura del amor, por Eros. Amar a un monstruo es una locura, pero quizá una locura divina porque permite tener una mirada que deja las imperfecciones y “me ve como soy”. 

El filme revive el sentido del mito, pero si el mito se queda en fantasía, se reduce a un cuento de monstruos con forma de agua.

Twitter: @Lucy_dellaguno

lucy@humanae.mx



Volver arriba