La gran puesta en escena


Pasado el primer acto de la larga y cansada gran puesta en escena titulada "Nuestra democracia manoseada y chimuela" en la que, aparentemente sin un libreto previamente escrito, los cuatro actores protagónicos demostraron sus extraordinarios dotes histriónicos encajados entre los géneros de la farsa y la comedia que por momentos se convirtió en una épica batalla campal de vecindario y de epítetos corrupticidas que, como juegos pirotécnicos, vistieron de parafernalia la atmósfera en el entretenimiento del hostigado pueblo mexicano, surgen irremediablemente algunas sensaciones y sentimientos encontrados luego de los resultados de vivir el dinámico y fugaz segundo acto celebrado completito el domingo pasado. 

Y es que, ojo, sin poner en tela de duda la legitimidad que dan los números al ganador de la contienda por una arrolladora mayoría de mexicanos hartos de la inseguridad, la corrupción y la impunidad y que depositaron su confianza en el moreno triunfador, es de cuestionarse que, independientemente del aplastante resultado dado a conocer después apenas cerradas las casillas y mientras poco más de 1 millón 400,000 ciudadanos voluntarios no terminaban la extenuante labor de organizar las papeletas y contabilizar los votos emitidos, surgieran –faltándole, a mí juicio personal, al respeto a todos aquellos ciudadanos voluntarios participantes en el proceso– los pronunciamientos públicos de los contendientes vencidos en favor de nuestro hoy inminente futuro Presidente de la República. 

Y es que, aunque en este caso el "orden de los factores no altere el producto", mínimo los contendientes vencidos, por respeto al propio proceso y a todos aquellos funcionarios de casilla voluntarios que sacrificaron su domingo, debieron haber esperado hasta el primer pronunciamiento oficial de la autoridad sobre las estimaciones parciales, producto de la ejemplar y cívica labor de los ciudadanos en quienes, sin recibir un cinco de los $28,033 millones de pesos que costó la elección, le dieron con su presencia y su trabajo, la legitimidad física a la elección. 

La inmediatez con la que se aflojó el pivote en la presión mediática electoral no permitió que surgieran las tempraneras controversias y expectativas, al reconocer el supuesto "segundo lugar en las encuestas" no sólo su derrota, sino encaminar sus palabras hacia una proyección que no le correspondía en torno al triunfo de nuestro inminente Presidente, situación que hizo levantar la ceja del "sospechosismo" a muchos que no se tragaron el cuento de tal pronunciamiento, como una muestra de la civilidad y madurez política. 

Luego como desfile, montado en un caballito de feria, nuestro otrora héroe del Libro Vaquero, recién frustrado "mocha manos" y ahora Jinete Sin Cabeza "recargado", anunció el reconocimiento de su derrota electoral señalando, a la vez, la proyección triunfalista en favor del ahora virtual presidente de los mexicanos. Dicho sea de paso, "el extra y patiño" en cuestión, luego de su campirano pronunciamiento, abandonó silenciosamente el flamante escenario nacional para volver por la puerta de atrás a tomar su papel protagónico en las funciones populares de "la carpa" local. 

Pero volviendo a la elección, ambas posturas orillaron a "Ricky Riquín Canallín" a no sólo a aceptar sin objetar de ninguna forma su derrota, sino de reconocer el triunfo de la izquierda "moreneada" con la frente vapuleada por la "pamba loca" de la orquestación armada en contra de su causa entre bodegas, lavadoras y el falso "descontón" de su segundo lugar en las encuestas para fragmentar aún más, el voto útil que al final de cuentas, resultó inútil. 

Y así, sin marchas, sin bloqueos, sin protestas, pero tampoco con los números reales y concretos de la elección, esa misma noche frente a palacio nacional, ante un zócalo repleto de entusiasmada muchedumbre de "solovinos" que proclamó pésele a quien le pese, a nuestro futuro Presidente de la República, éste de inmediato se transformó en estadista para emitir un discurso mesurado y respetuoso que le obsequió la calma a la minoritaria pero importante, parte alarmada de la sociedad pensante. 

Y al final, luego de observar el inesperado para algunos, pero majestuoso y prometedor cierre de éste segundo acto de la gran obra de teatro llamada "Nuestra democracia manoseada y chimuela", donde el hoy actor principal le bajo más de dos rayitas a la persecución de los corruptos para cambiar su parlamento por el del mesiánico perdona vidas, queda en la atmósfera del "sospechosismo" los sentimientos encontrados y la sensación que tras bambalinas, algunos actores pactaron este espectacular final que muy probablemente después de la consumación del tercer acto, dará pie a la continuación de la tristemente conocida puesta en escena titulada "La mafia del poder" en su nueva temporada, pero con un renovado y "moreno" elenco. 

Por hoy es todo, amable lector, medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que el de hoy, sea para usted un reparador domingo. Nos leemos en cabritomayor.com, donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas, además de las más importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en "Crack" nos tendrá el próximo viernes en "Por los senderos taurinos" y aquí mismo dentro de ocho días.


Volver arriba