La imprudencia, el mayor peligro


Es cierto y a la vez muy preocupante que en Nuevo León es más alta la probabilidad de morir a causa de un accidente vial que por la inseguridad. Hay mucha imprudencia al conducir y lo peor de todo es que creemos que siempre es el otro el que está mal.

En los últimos años los percances, las muertes y las hospitalizaciones de personas heridas en un accidente de tránsito se han disparado alevosamente y nada parece sacudir a las autoridades.

El sábado, una pareja de la tercera edad falleció después de que su vehículo fuera impactado por una camioneta cuando el carro de las víctimas intentaba retornar en la Carretera Nacional a la altura del municipio de Santiago.

Lamentablemente, este evento no supone ser un hecho aislado, sino un número más de accidentes fatales que alimentan las penosas estadísticas de Nuevo León.

De acuerdo al Inegi, en 2017 murieron 385 nuevoleoneses en accidentes viales, una cifra ligeramente menor a la registrada por las ejecuciones, que el año pasado alcanzaron las 416. Es decir, la comparativa es espantosa, como también son las estrategias. 

Nos preguntamos qué tanta prioridad tiene el fenómeno vial y sus consecuencias para el gobierno nuevoleonés que, en un contexto general, provoca más muertes que la mismísima inseguridad si sumamos los últimos cinco años: 3,250 fallecidos en accidentes contra 2,960 personas asesinadas en el estado, de acuerdo a datos oficiales.

Los políticos hablan mucho de seguridad, pero no consideran a los accidentes como una problemática seria. Habría que avisarles que también los percances viales forman parte del combo de afectaciones que sufre la población.

Según el Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes, en Nuevo León se registraron 81,447 choques en 2014 que dejaron un saldo de 607 personas muertas y de las cuales 558 fueron peatones. Los lesionados alcanzaron los 11,877. 

Ese mismo año, el Inegi informó que fueron 80,713 los accidentes con 249 muertes, entre ellas, 85 peatones. El mismo Inegi, en su última actualización, nos dice que en 2017 ocurrieron 75,931 choques en el estado con un saldo de 385 fallecidos.

Más allá de las variaciones que puede haber en los registros oficiales de cada dependencia, existe un común denominador: Nuevo León sigue siendo, por lejos, la entidad más peligrosa en la vía pública y la que menos programas tiene direccionados a la prevención de accidentes.

La paradoja es que no nos gusta a los nuevoleoneses que nos tachen de malos conductores. Sin embargo, no es una cuestión de percepción, sino una lastimosa realidad. 

El último Reglamento de Tránsito Homologado especifica muchísimas sanciones, pero se queda corto, insistimos, en prevención. Tampoco es una norma que defienda mucho al peatón.

Pero también vale decir que en este eje de complicidades en la deformación vial nuevoleonesa, como sociedad nos involucramos poco y hacemos muy poco al respecto.

La falta de pericia y la distracción de muchos automovilistas es un gravísimo problema sin solución.

Los manejos irresponsables como el de conducir y hablar al mismo tiempo por celular o enviar mensajes de texto tarde o temprano trae consecuencias. Más del 90% de los accidentes ocurren por estos descuidos. Pero siempre será más fácil adjudicárselo al “vicio cultural” que a la imprudencia.



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