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La inclusión laboral de las mujeres: una tarea de todos


Todos ganamos con la inclusión de las mujeres en el mercado laboral. Ganan las mujeres, al tener un crecimiento profesional, ganan las familias al tener un sustento adicional, ganan los hombres al compartir la responsabilidad económica, gana la economía nacional al tener un mercado más justo, ganan los hijos al aprender de sus padres.

En conmemoración del Día Internacional de la Mujer, celebrado el pasado 8 de marzo, me di a la tarea de escribir una reflexión sobre la mujer y la proyección profesional. Por siglos, el mundo, la ciencia, la filosofía, la tecnología estuvo privada de las muy valiosas aportaciones que pudo hacer el género femenino. Sólo algunas personalidades pudieron evadir al mundo de hombres para dejar su marca indeleble: Cleopatra, Juana de Arco, Marie Curie, Amelia Earhart, Coco Chanel, Frida Kahlo, Teresa de Calcuta, Rosa Parks, Janis Joplin, entre muchas otras. Muchas de ellas inspiraron movimientos sociales a favor de la equidad y de la inclusión de género. Dentro de la comunidad donde tuve la fortuna de haber nacido, sin embargo, existe una fuerte oposición a la inclusión de género: por mujeres y hombres, por igual. En los años 40, una mujer nacida en México, sin posibilidad de aspirar a una educación superior, con escasas oportunidades laborales, sólo tenía una opción: dedicarse al hogar. Pero como por síndrome de Estocolmo, el hombre se enamoró de esta realidad social, así como la mujer también lo hizo.

Según el Estudio de Paternidad y Género de la Fundación Uade, las mujeres dedican 8.14 horas al cuidado del hogar, en tanto el hombre dedica sólo 4.40 horas. Esto tiene tres implicaciones: uno, existen fuertes restricciones aún en el mercado laboral para las mujeres que se opta por el arcaico esquema de especialización; dos, falta mayor involucramiento de los hombres en las labores domésticas, y por último, se requiere que el mercado adecue sus condiciones de trabajo para favorecer la inclusión de las mujeres, tomando por supuesto las diferencias biológicas que existen. No es justo que se penalice una diferencia que proviene de la biología del ser humano.

El esquema arcaico de especialización al que hago referencia, proviene del modelo ricardiano de especialización del trabajo: cada quien produce lo que le es más eficiente producir. Así, anteriormente, cuando existía un mercado rígido, lo más eficiente es que las mujeres se ocuparan del hogar y el varón del trabajo. Afortunadamente, al transitar a un paradigma más equitativo (donde persisten muchos retos, desde luego), la especialización ya no sucede de tal forma; ahora las mujeres pueden optar por perseguir sus sueños, crecer individual y profesionalmente, asegurar su futuro y su patrimonio al dejar la dependencia económica de lado.

Como lo he escrito en otros artículos, México continúa con un alto gender gap y sobre todo, con condiciones adversas en el mercado laboral donde permea la discriminación, el abuso y el acoso. Debemos estar atentos a las propuestas que tengan los candidatos a la contienda del próximo 1 de julio. En mi opinión personal, no creo posible una inclusión a través de discriminación afirmativa; se ha prestado a privilegiar intereses político-electoreros, lejos de ser una política pública justa, seria y eficaz. Considero que al fortalecer nuestro mercado laboral mediante la formalización de empleo, y de fomentar códigos de compliance al interior de las empresas, lograremos una mayor inclusión. Las empresas deben saber que los más favorecidos por establecer horarios flexibles, controles de discriminación y código de compliance son ellas mismas. La prueba está en que las empresas europeas son más productivas, son más inclusivas, y sus trabajadores cuentan con horarios más flexibles, respiran un ambiente más sano, y trabajando menos horas.



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