La involución de la Ecovía


A poco más de tres años de su nacimiento, la Ecovía acusa un envejecimiento prematuro. Por reiterados y obvios que parezcan los cuestionamientos a un servicio deficiente, el detalle está en su involución para atender a más usuarios.

Testimonios recogidos por El Horizonte de gente que alguna vez creyó contar con este medio de transporte para agilizar sus traslados, la Ecovía dicen que ya no les convence. ‘‘Está igual o peor que las rutas’’, es la queja más común de los usuarios.

Esto está relacionado a que la demanda del servicio ha crecido, pero no así su alcance.

La inconformidad más recurrente es que, principalmente en los horarios picos, la capacidad es insuficiente, o sea, el servicio se ve desbordado.

Las unidades cuentan con 25 lugares para sentarse y otras 75 personas pueden viajar paradas.

Sin embargo, cuando el vehículo sale a tope desde la primera estación, en las siguientes no hay forma que entre un cuerpo más. No sólo se le ha quitado comodidad al pasaje, sino también camiones de circulación.

Hasta hace seis meses operaban 40 de las 80 unidades; hoy ya salen a la calle algunas más, pero de igual modo no se completa toda la flotilla que debería operar.

Nadie se explica cómo, en cuestión de 40 meses, un buen porcentaje de las unidades ha caído en desgracia y otras han pasado a ser inservibles. Estamos hablando de un servicio con carriles exclusivos y de velocidad moderada que se supone debería estar menos expuesto al caótico tráfico y a todas sus consecuencias.

En octubre pasado, el gobierno estatal anunció lo que sería el ‘‘renacer’’ de la Ecovía, cuando se comprometió a tomar las riendas del servicio.

Se ordenó una requisa ‘‘a fondo’’ del sistema y se separó temporalmente del camino a la empresa Servicio de Transporte Tecno Ecológico, quien ostentaba la concesión de la Ecovía y que, según las autoridades, no había cumplido con todos los requisitos exigidos.

Sin embargo, ni con la participación directa del gobierno la cosa ha cambiado. Los choferes siguen trabajando horas demás, no se ha optimizado el sistema operativo y la infraestructura está en pleno deterioro.

En diferentes zonas de alta circulación a lo largo de la avenida Ruiz Cortines los separadores de carriles, si no han desaparecido, han sido destrozados, lo que permite que los automovilistas ya no respeten la exclusividad de la Ecovía.

Además, hasta finales del 2016, los camiones habían sufrido más de 180 ponchaduras de llantas, en más de 450 ocasiones las unidades se habían calentado y se habían registrado 1,200 desalojos de usuarios por diversas fallas.

Es más, en dicho año, el 50% de las salidas de la Ecovía han sido ‘‘incompletas’’, según datos oficiales. En los últimos tres meses, han disminuido los percances, pero no las deficiencias. El mantenimiento sigue siendo más teórico que real.

En recientes declaraciones, el gobernador Jaime Rodríguez dijo que para diciembre de este año esperan contar con 150 camiones, incluso de doble piso, para hacer de la Ecovía un transporte de ‘‘excelencia’’.

El estado todavía no sabe cómo mejorar el esquema de administración, porque lo que se quiere es reconcesionar el sistema. Tampoco tiene recursos y trata de que los municipios colaboren.

Pero eso sí, promete ‘‘excelencia’’ y camiones primermundistas antes de definir cómo hacerle. La demagogia es otro virus que continúa enfermando a la Ecovía, como al transporte público en general.


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