Ana RentMonterrey
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La lección de la elección


Nuevo León es uno de los estados más importantes de todo México. Incluso con orgullo siempre presumimos que es el motor económico del país, y lo decimos con orgullo porque sabemos lo que tenemos y sabemos lo que somos. En nuestra tierra los ciudadanos no somos apáticos, sino todo lo contrario, estamos atentos, preocupados y ocupados en salir adelante. Como somos una ciudadanía de calidad, también merecemos gobernantes que estén a la altura. Exacto, merecemos. 

Como ciudadanía no somos perfectos, ya que hemos cometido errores, hace casi tres años se cometió uno enorme, por moda o por ingenuos... ¿El resultado? Un gobernador que no ha dado el 100% a Nuevo León, que ha decepcionado a muchos que creían que su prioridad sería nuestro estado, que sí se pondría a jalar, entre otras cosas que seguro ustedes ya saben. Sólo el tiempo aclaró la mente de quien decidió dar ese voto de confianza. Ya lo tenemos, ahora toca esperar a que al menos en la última mitad de su sexenio sí se ponga las pilas, porque no nos queda de otra. Y por eso último, tenemos que poner muchísima atención en el Congreso del estado de Nuevo León, que puede hacer la diferencia.

Hace apenas unos días arrancó la LXXV Legislatura, y me gustaría decir que cada uno de los integrantes está calificado para tener un buen desempeño, que todos tienen idea de cuál es su labor, pero lamentablemente no es así. Al Congreso de Nuevo León llegaron muchos que no saben cuál será su trabajo, algunos porque no tienen idea, otros porque no tienen experiencia, y unos cuantos más que sólo tuvieron la “suerte” de ser anotados en una lista para rellenar espacios, y que no se esperaban ganar, esa es la realidad y es preocupante. Cómo es posible que así decidieran quiénes serían los representantes del pueblo, y de un estado tan importante como el nuestro, pues así fue. Pero la inexperiencia no es el gran problema, el gran problema es que algunos no tienen idea de la importancia de la labor de un diputado local, que no saben el bien o el daño que le pueden causar a nuestra entidad, y que no comprenden la magnitud de la encomienda que se les otorgó.

Sin embargo, entre nuestros diputados locales de diversas bancadas hay quienes sí tienen experiencia y en anteriores ocasiones ya han legislado, o bien se han desempeñado en algún cargo público y conocen la responsabilidad con la que deben trabajar. Aunque la ciudadanía dice estar “harta” de los políticos, son ellos quienes podrán darle un buen nivel al Congreso de Nuevo León, porque son quienes pueden hacer que el gobierno del estado se ponga a trabajar, quienes legislen con conocimiento en la materia y quienes eviten que nuestro estado no se quede atascado en el tiempo. Los otros, los que no entienden su responsabilidad, tienen dos opciones: aprender y ponerse a trabajar o convertirse en unos parásitos mantenidos por la ciudadanía.

Recordemos que fue el verbo de Jaime Rodríguez el que nubló la visión de la ciudadanía, tanto que dijo sobre los partidos políticos, que no servían, que eran una basura, prometiendo que él sería un verdadero cambio, ofreciendo un panorama vibrante, lleno de oportunidades y desarrollo... Y miren el resultado. Porque si un gobernante de un partido político hace mal su trabajo, entonces el ciudadano le reclama castigándolo el día de las votaciones, siempre ha sido así... ¿Pero cómo castigamos el mal desempeño de un independiente? A quién le reclamamos, si no tiene un respaldo político donde podamos presentar nuestra queja. Entonces, conociendo nuestra reciente historia y los pésimos resultados, no nos queda de otra más que poner nuestra esperanza en los diputados locales, porque son quienes con su experiencia pueden evitar que el barco se hunda.

Si tenemos un gobierno estatal que preocupa por su falta de trabajo y que no se ha desempeñado como los votantes esperábamos, ahora esperamos tener un Congreso local que sí trabaje por la ciudadanía, que sí nos represente y que de verdad ayude a que Nuevo León salga adelante, para eso tenemos que seguir atentos, participativos y abrir nuestra mente. Qué terrible sería que tuviéramos otros tres años de nada, qué gran pesadilla sería que los ciudadanos no aprendiéramos de la lección ya tomada.

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