Silencio De MentaMonterrey
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De machosĀ a hombres

La manía por preguntarte, ¿qué soy?


"¿Qué eres?" era la pregunta que me solían formular y que me dejaba pensando por días, intentando encontrar la respuesta que mejor se ajustara a mi realidad del momento. "Seguro que si logro definir qué soy, las dudas de todo lo demás van a parar", pensaba con ingenuidad, lo que hizo que más de la mitad de mi vida le dedicara muchas horas a preguntarme ¿quién soy?, ¿qué soy? y ¿cómo soy? para encontrar una respuesta que me mantuviera lo más cuerda posible. 

Lo gracioso es que cuando iba con las personas del gremio al que sentía que pertenecía, mi aparente identidad quedaba como una caricatura hechiza al lado de ellos. Así comencé diciendo que era una feliz y tradicional corporativa Godín, sólo que mis ganas por querer cambiarlo todo y ser más conceptual que algunos hizo que unos cuantos me vieran como bicho raro y me dijeran: "Si tú eres creativa". Entonces llegué con los creativos, a quienes observé en las reuniones y veía cómo daban tres piruetas conceptuales y un salto mortal creativo mientras yo apenas intentaba desdoblar el asomo de una idea dando mi máximo esfuerzo. 

Mientras los conservadores me decían "te pasas de hippie", los liberales me respondían: "Si eres refresa"; los analíticos fanáticos de la razón me ubicaban como la "súper emocional" y en las pláticas con artistas que vibraban con la emoción mi encasillamiento se movía hacia un "si es que a ti te va la organización y el análisis". Los aterrizados me veían como la llena de imaginación y los abstractos me decían que les ayudaba a hacer tierra.

En una realidad en la que aún no comprendía el fortalecimiento de la voz propia como único timón de vida, aquellas charlas con percepciones aparentemente opuestas me generaban una sensación de mayor confusión, como si estuviera dando vueltas en círculo, sin darme cuenta que intentaba encontrar nuevos hallazgos en los mismos lugares de siempre y pensando con mucha ingenuidad que aquel mareo y vaivén de definiciones personales llegaría pronto a su fin y me podría encasillar de una vez por todas en alguna cajita perfecta.

Contrario a lo que dice el psicoanalista Erik Erikson, quien menciona que la identidad se clarifica desde la adolescencia, creo que fue un poco antes de los 35 años que logré estar en paz con la resolución de mi identidad cuando decidí soltar la constante necesidad por la final autodefinición y entregarme a la no resolución como estilo de vida, comprendiendo que la definición más bien es el resultado de la experiencia que llega a cada instante.

Si consideramos que dentro de nosotros hay varios "yo", que despiertan de acuerdo al entorno en el que estamos, según una investigación del profesor de psiquiatría Mardi Jon Horowitz; y si aceptamos que nuestra realidad está en función de las experiencias que vivimos día con día, lo que provoca cambios en nuestros deseos y comportamientos, el agobio por definirse a sí mismo llega a su fin al comprender que, en realidad, la identidad es un proceso vivo y eres lo que eres en el momento en el que te lo preguntas.

Así, el ruido por pretender fijar un estado en movimiento se hace a un lado cuando recuerdas la frase que nos dejó uno de los personajes más emblemáticos de la historia que dijo: "Yo soy el que soy" y te descubres en silencio, solo siendo y finalmente estando en paz.


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