Ron RolheiserMonterrey
Más del autor

Agitando las humeantes cenizas de nuestra fe

Respecto a ser el discípulo amado

Misericordia, verdad y práctica pastoral

Sobre la amistad

La María de las Escrituras y la María de las Devociones


Hay un axioma que dice: los católicos romanos tienden a adorar a María, mientras que los protestantes y los evangélicos tienden a ignorar a María. Ninguno de los dos es ideal.

María, la Madre de Jesús, tiene, en efecto, dos historias dentro de la tradición cristiana. Tenemos a María de las Escrituras y tenemos a la María de las Devociones, y ambas ofrecen algo especial para nuestra trayectoria cristiana.

La María de las Devociones es la más conocida, aunque principalmente en círculos católicos romanos. Ésta es la María invocada en el rosario, la María de los santuarios populares, la Madre Dolorosa de nuestras letanías, la Madre con el corazón manso a través del cual podemos obtener el oído de Dios, la María de la pureza y la castidad, la Madre que entiende el sufrimiento humano, la Madre que puede ablandar los corazones de los asesinos, y la Madre a la que siempre podemos recurrir.

Y esta María es preeminentemente la Madre de los pobres. Karl Rahner una vez señaló que cuando observa todas las apariciones de María que han sido aprobadas oficialmente por la Iglesia, usted notará que siempre se le apareció a una persona pobre: un niño, un campesino analfabeto, un grupo de niños, alguien sin posición social. Nunca se le apareció a un teólogo en su estudio, a un Papa, ni a un banquero millonario. Ella siempre ha sido la persona a la que los pobres buscan. La devoción mariana es una mística de los pobres.

Vemos esto, por ejemplo, muy poderosamente en el efecto que Nuestra Señora de Guadalupe ha tenido en gran parte de América Latina. En todas las Américas, la mayoría de los pueblos indígenas ahora son cristianos. Sin embargo, en América del Norte, si bien la mayoría de los pueblos indígenas son cristianos, el cristianismo en sí mismo no se considera una religión nativa, sino más bien una religión traída de otros lugares a los pueblos originarios. En América Latina, en cada lugar donde Nuestra Señora de Guadalupe es popular, el cristianismo se considera una religión nativa.

Sin embargo, la piedad y las devociones también corren el riesgo de una dejadez teológica y un sentimentalismo insalubre. Ése es el caso también con la María de las Devociones. Hemos tendido a elevar a María a un estado divino (lo cual es simplemente incorrecto) y con demasiada frecuencia le hemos incrustado tanta piedad que ella, la María de las Devociones, no puede ser la misma persona que escribió el Magníficat. La María de las Devociones a menudo está tan resguardada en la piedad, la simplicidad y la asexualidad que necesita estar protegida de la complejidad humana. Aún así, la María de las Devociones nos ofrece mucho en relación con nuestro trayecto espiritual.

Mucho más ignorada es la María de las Escrituras y el papel que le asignan los diversos Evangelios.

En los Evangelios sinópticos, María se presenta como el modelo de discipulado. Más simplemente, ella se nos muestra como la única persona que lo entendió desde el principio. Mas eso no es inmediatamente evidente. En la superficie, a veces parece ser lo contrario. Por ejemplo, en un par de ocasiones, mientras Jesús habla con una multitud, lo interrumpen y le dicen que su madre y su familia están afuera para hablar con él. Su respuesta: "¿Quiénes son mi madre y quiénes son mis hermanos y hermanas? Son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la acatan". Al decir esto, Jesús no está alejando a su madre de sí mismo y de su mensaje, sino todo lo contrario. Antes de que este incidente sea registrado en los Evangelios, los evangelistas han sido muy cuidadosos al señalar que María fue la primera persona en escuchar la palabra de Dios y acatarla. Lo que sucede aquí es que Jesús singulariza a su madre antes que nada por su fe, no por su biología. En los Evangelios sinópticos, María es el paradigma del discipulado. Ella es la primera en escuchar la palabra de Dios y acatarla.

El Evangelio de Juan le da un papel diferente. Aquí ella no es el paradigma del discipulado (un rol que Juan les da al discípulo amado y a María Magdala) sino que se presenta como Eva, la madre de la humanidad y la madre de cada uno de nosotros. Curiosamente, Juan nunca nos da el nombre de María, en su Evangelio siempre se le llama "la Madre de Jesús". Y en este papel, ella hace dos cosas:

Primero, ella da voz a la finitud humana, como lo hace en la fiesta de bodas de Caná cuando le dice a su hijo (quien siempre es divino en el Evangelio de Juan) que "no tienen vino". En el Evangelio de Juan, esto no es sólo una conversación entre María y Jesús; sino también una conversación entre la Madre de la Humanidad y Dios. En segundo lugar, como Eva, como madre universal, y como nuestra madre, se encuentra impotente bajo el dolor humano y dentro del dolor humano cuando se para bajo la cruz. En esto, ella se muestra como una madre universal y también como un ejemplo de cómo debe manejarse la injusticia, es decir, al permanecer dentro de ésta de una manera que no responda a su odio y violencia como para devolverla en especie.

María nos ofrece un maravilloso ejemplo, que no debe ser adorado o ignorado.


Sigue leyendo...
Volver arriba