Monterrey
Ricardo Salinas Pliego
RICARDO SALINAS PLIEGO

Debilitar a México vulnera a Estados Unidos

La mentalidad anticapitalista


'Todo mundo, sin importar lo fanáticos que sean a la hora de difamar y luchar contra el capitalismo, implícitamente lo homenajean al demandar apasionadamente sus productos' 

Ludwig Von Mises (1881-1973) Economista Austríaco

Llama la atención cómo para algunos políticos “capitalismo” es una palabra vetada, casi obscena. Continuamente escuchamos argumentos a favor y en contra de este sistema económico, pero el libro La Mentalidad Anticapitalista, de Ludwig Von Mises, nos presenta una opinión muy original sobre las razones detrás de las críticas a este modelo, sin el que resulta imposible explicar la vida moderna.

Ya hablamos de cómo en El Optimista Racional, Matt Ridley nos explica que la sobrevivencia del Homo Sapiens se sustenta en el comercio, una invención que el hombre de Neandertal no logró, por lo que no pudo competir con nuestra especie y se extinguió. Por otro lado, en La Reina Roja, Ridley nos demuestra que competir es parte de nuestra naturaleza. Finalmente, ya escribí en este espacio que en el libro Capitalismo y Libertad, Milton Friedman considera al comercio como una libertad fundamental del ser humano.

El libro de Mises no atribuye la sobrevivencia de nuestra especie al comercio, pero nos recuerda que gracias al capitalismo, que va más allá del comercio, el ser humano común disfruta de bienes y servicios que eran inimaginables en épocas anteriores, incluso para los más prósperos –reyes, emires o emperadores.  

En este sistema económico las empresas, grandes y pequeñas, producen bienes para satisfacer necesidades de forma masiva, lo que permite continuamente mejorar el nivel de vida del ciudadano promedio. Además, quien determina qué se produce, en qué montos, quién lo produce y con qué calidad, es el mismo consumidor, al ejercer su gasto diario.

Son indudables los avances en el bienestar de los países capitalistas y a pesar de ello las críticas al sistema son continuas; pienso, sin embargo, que la gente que en nuestro país critica a este sistema, alabando las virtudes del colectivismo, difícilmente estaría de acuerdo en emigrar a Cuba, Venezuela o a Corea del Norte donde una característica fundamental para mantener su sistema de gobierno es evitar la libertad de expresión, a toda costa.

La razón de estas críticas, indica Von Mises, es que mientras que en comunidades tradicionales con estructuras basadas en rangos o castas la posición social era fija generación tras generación, hoy en día en las economías modernas la posición de las personas depende normalmente de sus propios méritos.

Muchos de quienes no alcanzan las metas que se propusieron en su vida, se frustran y tienen propensión a criticar al modelo económico al que atribuyen sus fracasos personales.

En un sistema monárquico, por ejemplo, la aristocracia no es un fenómeno de mercado que se modifique por decisión de los consumidores; la posición social de cada persona está fuera del control individual y se atribuye al destino o a alguna divinidad. En el capitalismo, en cambio, el principio de igualdad ante la ley permite que la creatividad y determinación personales definan quién es capaz de satisfacer al consumidor y quién controla los medios de producción; el que mejor lo haga sobresale en la sociedad –aunque ya he comentado que un empresario, por más próspero que sea, sólo es guardián temporal de la riqueza.

Otro punto de discusión es que existen personas que no alcanzan a adquirir todos los bienes que ofrece el mercado –esto es natural. No obstante, el autor asegura que está en el mejor interés de las empresas llegar al mercado masivo en las mejores condiciones de precio y calidad para expandir su negocio y sus utilidades.

Otros críticos observan que el capitalismo se concentra en la satisfacción de necesidades materiales, lo que distrae a la población de la generación y apreciación de las artes, como se manifestaba en obras monumentales del pasado.  Von Mises responde a esta crítica recordando que en otras épocas las artes satisfacían sólo a los grupos de poder que tenían los medios para adquirirlas, mientras que ahora la producción a gran escala lleva mercancías cada vez más refinadas al mercado masivo.

Quizá la mayor crítica al capitalismo que esgrimen algunos, es que genera condiciones no satisfactorias de vida y pobreza para el trabajador.  Sin embargo, Mises nos recuerda que en competencia, 1.- la generalidad de los miembros de la sociedad se beneficia de productos a precios asequibles, 2.- la acumulación de capital genera mayor productividad, es decir, con más máquinas se crean más mercancías por trabajador, lo que eventualmente se traduce en mayores sueldos, y 3.- conviene al empresario tener a los mejores empleados, con los mejores sueldos del mercado para que contribuyan a maximizar la utilidad de su empresa y no se vayan con sus competidores, además de que, en una economía robusta, el empleado es libre de buscar el trabajo que más le convenga.

Me queda claro que la economía de mercado tiene imperfecciones, pero asigna los recursos con base en lo que los agentes económicos deciden elegir –y no por los designios de un burócrata– lo que constituye una libertad económica básica que debemos valorar.  

El gobierno, sin embargo, tiene un papel fundamental para que este sistema prospere, que consiste en diseñar un marco legal que promueva la competencia, la cultura emprendedora, el imperio de la ley, que garantice seguridad, así como una educación de calidad que se traduzca en oportunidades de desarrollo personal para todos los miembros de la sociedad.

Aunque Mises no lo menciona explícitamente, también estoy convencido de que las empresas, además de mejorar a la sociedad a través de la generación de empleos y la producción de bienes y servicios en condiciones competitivas, deben mantener un sólido compromiso social.

Esto implica, entre otras cosas, contribuir a mejorar la salud, la educación y el medio ambiente, la promoción de la libertad y el liderazgo con valores, a través de acciones que impulsen la prosperidad y la calidad de vida de la gente.

Podemos pelear por un mejor Capitalismo, pero pensar que el Colectivismo es un mejor sistema económico es inconsistente con la experiencia de la humanidad.

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