La ‘pequeña valiente’ Hungría repatria sus reservas de oro


Cuando de invertir se trata, hay que diversificar, porque las hay desde las más seguras hasta las más riesgosas. Esto es válido para personas, empresas o países. Apostar la mayor parte de nuestros ahorros a un activo que sea muy volátil o poco seguro puede implicar un gran daño patrimonial.

Por eso, cualquier cartera de inversión, en términos de riesgo, debe tener una forma piramidal, amplia en la base que la soporta –donde se encuentran los activos más sólidos–, y muy pequeña y aguda en la punta –donde se incluyen los activos más especulativos, como las criptomonedas–. En medio quedan incluidos bonos, acciones, bienes raíces y todas las demás clases de activos según su mayor nivel de seguridad.

En este sentido, la base de cualquier cartera de inversión, reiteramos, debe ser el oro físico, pues cuando se tiene en propia mano, no existe riesgo de impago. Nadie nos debe nada. Tú tienes tu oro, y estás seguro de que pase lo que pase seguirá siendo valioso.

Cosa muy distinta es guardar, por ejemplo, billetes debajo del colchón, que a largo plazo van perdiendo su valor.

Quien tiene oro posee un activo que puede vender o empeñar en caso de emergencia, pues además es bastante líquido.

Por eso a muchos les gusta tenerlo en forma de joyas o medallas, aunque lo mejor para invertir son las monedas de curso legal, como las onzas Libertad de oro, o en su defecto, los centenarios.

A propósito, ambas pueden conseguirse en la Casa de Moneda de México y en algunos bancos comerciales.

En grandes volúmenes, el formato más usado es el lingote de 400 onzas troy, que utilizan, por ejemplo, los bancos centrales para las reservas internacionales.

Pero al igual que con los pequeños inversionistas, los bancos centrales deberían conservar la mayor parte de sus reservas de oro en territorio y bóvedas propias, pues esta es la única manera de asegurarse de que en caso de una crisis monetaria global –algo que es no solo posible sino probable– tengan garantizado el acceso a sus lingotes.

El Banco de México (Banxico) hasta hace un año tenía el 99% de sus poco más de 120 toneladas de oro bajo custodia del Banco de Inglaterra, en Londres.

Desde este espacio seguimos insistiendo en que traiga a sus bóvedas cuando menos la mitad, y claro, que compre más, pues el oro de Banxico representa menos del 3% del total de sus reservas internacionales. Nuestra sugerencia es que al menos el 10% de éstas se convierta en metal precioso, e insisto, que la mitad sea repatriada al país, como escudo financiero en caso de extrema urgencia. ¡Para eso es el oro!

Alemania, Países Bajos y Austria son algunos de los que ya han repatriado reservas áureas, y justo la semana pasada, el Banco Nacional de Hungría anunció también que trasladó las tres toneladas de oro que resguardaba también en Londres, hasta su capital, Budapest. Un acto pequeño en magnitud, pero muy simbólico e importante.

Aquí pronto actualizaremos a nuestros lectores respecto a si el oro de Banxico sigue en Londres o si ha habido ya algún cambio. La llegada de Alejandro Díaz de León a la cabeza del Instituto Central, da esperanzas.

Como quiera, que sirva la noticia de la repatriación del oro húngaro, como recordatorio de lo importante que es contar con una base de oro, o bien de plata, que es mucho más económica y accesible para la mayoría de las personas, para la seguridad y protección financiera. No contar con ella es como navegar en el Titanic, sin botes salvavidas que alcancen para todos.

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