La prohibición como negocio


‘‘La prohibición es el sostén ideológico de la adicción’’.

Hermes Millán Redin (1959- ) Psicólogo social uruguayo

Lo prohibido siempre llama mucho la atención, por lo que se eleva el consumo y se genera una demanda y derrama económica superior a la que habría sin prohibición.

Dicho de otra forma, la prohibición de ciertas sustancias convierte a su penalización y persecución en un negocio muy rentable para los que imponen las reglas del juego en la sociedad.

Es por eso que con todo y la inmoralidad que representa el demonizar a las drogas para hacerles la guerra, al final se gana tanto dinero para ‘‘limpiar’’ cualquier sentimiento de culpa.

Esta columna no ahondará en los demás usos que la prohibición le brinda al poder, como por ejemplo, el utilizar la guerra contra las drogas –enfatizando la lucha entre buenos y malos– para distraer a la población de la desigualdad económica y la concentración del poder y el dinero en unos cuantos. Tampoco explicaré por el momento que la prohibición sirve a los poderosos para reprimir y para perfeccionar el autoritarismo y su control social.

No, esta columna simplemente se concentra en el hecho de las ganancias que provienen de prohibir para elevar la expectativa y el precio de la droga. En ese sentido se justifica una forma de vida institucional donde se penaliza al que es descubierto consumiéndola, mientras se aterroriza a otros potenciales consumidores.

Quién sabe cuáles sean las causas más profundas que hacen de lo prohibido algo atractivo, pero una ciertamente evidente es la transgresión personal en la que se participa cuando se consumo algo ilegal.

El que impone la prohibición sabe que alimenta un negocio redondo. La ironía es que este negocio es uno de las más sucios, ya que se actúa como la misma mafia que supuestamente se busca erradicar.

Seamos realistas y aceptemos que el problema del narco en México se agudizó desde que el ejército salió a la calle en 2006 para enfrentarle. La persecución ‘ejecutiva’ no sólo se adhirió como una capa de complejidad a la prohibición de décadas, si no que a su vez, paradójicamente, la calidad de la droga ha ido mejorando para satisfacer a los nuevos consumidores, que se bautizaron a raíz de la televisada y muy bélica persecución. En esa línea alcista también debemos colocar al lavado de dinero profesional, así como la violencia generalizada, la cual ha contribuido en el sufrimiento humano y en el  deterioro de la imagen pública de la nación.

A la par de todo esto se está dando un fenómeno alternativo a escala cada vez más significativa, como lo es la regulación y la legalización de la marihuana en EUA y Uruguay. El factor determinante para esto fue la indirecta difusión que la prohibición y persecución le ha dado a la incómoda planta.

Ahora que la opinión pública se ha percatado que la prohibición no ha hecho más que enriquecer a unos cuantos, a quienes no les importa que la violencia haya rebasado todo limite de lo permisible, es cuando el poder empieza a mostrar indicios de suavizar el prohibicionismo.

Sin embargo, no van a soltar la prohibición hasta que los nuevos mercados legítimos estén bien definidos, por lo cual se seguirá sacando ventaja de la indirecta promoción que la prohibición y los  procesos de legalización en distintos países está generando.

Ulteriormente, los del poder sustituirán un negocio prohibido muy rentable por otro legal mucho menos rentable. En esta formula no debemos olvidar que la tendencia hacia la regulación y legalización, por lo menos en EUA y México, se está dando debido al enorme ridículo que ha causado la fallida y violenta guerra contra las drogas.

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