La reelección de Mauricio


El alcalde Mauricio Fernández reviró en su postura inicial de retirarse de la política, lo pensó en la reflexiva época decembrina y finalmente decidió ir por la reelección de San Pedro. Incluso, aspira a ser el único candidato del PAN. No quiere competidores.

Su principal argumento, dijo, se lo pide el deber. No le quiere heredar a un supuesto sucesor los proyectos pendientes. Un cliché político para justificar su responsabilidad como servidor público y demostrar compromiso. 

Pero también es obvio que quiere cuidar lo suyo: el museo familiar que se construirá en el parque Rufino Tamayo, quizás el motivo menos popular, pero más importante que influyó en su decisión.

Fernández estudió bien el tema y armó una estrategia a modo. Para evitar roces innecesarios con otros aspirantes panistas, buscó pactar con ellos para que le despejen el camino, pulverizar la interna y que sea la dirigencia estatal del partido, quién por “dedazo”, elija ¿a quién? A él.

El alcalde convenció a Horacio González, Homero Niño y a Rafael Serna, otros personajes con intenciones de buscar una candidatura, que la continuidad en el poder es la mejor opción para San Pedro. ¿Será? 

Con esto vemos que, por un lado, Fernández logró frenar un oleaje albiazul que no le convenía, pero al mismo tiempo abrió una grieta con Rebeca Clouthier, quien hasta hace poco era una apuesta segura de la cúpula panista para suceder al hoy alcalde.

Mauricio trae inercia y con el respaldo que le da el ayuntamiento y otros “rivales”, cree que aplacará a Rebeca y que el PAN, finalmente, le sirva en charola otro trieño más para cumplir su cuarto mandato y sueños propios.

En el entendido que una reelección se gana por méritos, habría que preguntarle a los sampetrinos si de verdad Fernández los tiene. 

Su gestión, hasta ahora, no ha sido nada diferente a lo que históricamente ha ejercido la “dictadura” panista en el municipio.

A Fernández se le exigen mayores resultados. En sus mandatos han sido una constante el incremento de impuestos y la progresiva inseguridad. 

La sociedad sampetrina no ve reflejado en las calles, por ejemplo, el voluminoso caudal de recursos que recauda el ayuntamiento por el predial, el impuesto más caro de todo el país.

El programa de bacheo el año pasado ha sido muy lento y no se llegó a completar la demanda, ni mucho menos la meta de darle mantenimiento a 400,000 metros cuadrados de pavimento al año. 

Un municipio, que en los últimos años ha gastado más en nómina e insumos que en obra pública, no solo tendría que revisar más los números de la obesa burocracia, sino que también debería asumir un mayor compromiso para destinar recursos a arreglos y adecuaciones que la ciudad demanda. 

A priori, nada garantiza que Fernández, si permanece en el poder, demuestre algo diferente a lo que ha sido su gestión hasta ahora. 

Lo bueno, como buscar más opciones para conectar San Pedro con Monterrey o el carpooling para disminuir el tráfico en zonas de colegios, contrasta con polémicas obras inconclusas y promesas incumplidas en varios frentes, sobre todo en desarrollo urbano.

Sin embargo, hay algo más fuerte que le preocupa a Fernández y que lo obliga a seguir: que los sampetrinos puedan aportar con sus impuestos para propósitos culturales y hacer realidad un museo. El suyo.



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