La reelección y las formas


Extracto: “La reelección de alcaldes encierra un problema que es más de forma que de fondo: los límites entre seguir en funciones y hacer campaña, y evitar que todo se mezcle”.

Los alcaldes, sobre todo los metropolitanos, comienzan a echarle un ojo al tema de la reelección en 2018. Para éstos, para la Comisión Estatal Electoral, incluso, para la ciudadanía en general, será una experiencia que, por novedosa, no deja de ser inquietante.

Un sondeo de El Horizonte revela que, excepto Mauricio Fernández de San Pedro, el resto de los munícipes metropolitanos no han descartado aún la posibilidad de reelegirse.

Es más, algunos ya lo han definido, tales son los casos de Clara Luz Flores de Escobedo y Oscar Cantú de Apodaca, quienes dicen estar en condiciones de volver a postularse. Los demás, por ahora, lo analizan o, en todo caso, quieren, pero prefieren no destaparse con mucho tiempo de anticipación.

La reelección se puede entender como un voto de confianza de la población y para que este mandato popular se cristalice, los alcaldes saben que todo dependerá de los resultados del actual ejercicio, donde principalmente el cumplimiento de los compromisos les daría la posibilidad de aparecer nuevamente en las boletas.

Como primera medida, creemos que no estaría mal que sea la ciudadanía quien valide la reelección de su munícipe. Adrián de la Garza, por ejemplo, ya avisó que volvería a contender por el puesto siempre y cuando los habitantes de Monterrey le formalicen el apoyo a través de una consulta.

Esta mecánica supone ser acertada porque rompe con la esencia de gobiernos personalistas e indiferentes a la gente.

El pueblo, normalmente, está sujeto a las imposiciones de los partidos, quienes deciden a su candidato y, por lo tanto, que la ciudadanía tenga la oportunidad de decirle a las agrupaciones políticas que desea que continúe el actual presidente municipal, es todo un gesto democrático.

Sin embargo, los partidos serán los que al final del día decidirán la figura que creerán más conveniente para que los represente. Esto significa que también internamente se evaluará al alcalde que quiera reelegirse.

El tema en sí encierra algunas preguntas, por ahora, sin respuestas. Entre ellas cuáles serán los límites entre ser alcalde y candidato a la vez, y evitar que las dos cosas se mezclen.

No nos olvidemos que la cuestión financiera es determinante para las campañas y las sospechas de que se puedan desviar recursos de las arcas municipales para labores proselitistas siempre estarán presentes.

El punto de que si está bien que los alcaldes conserven o no el cargo durante la campaña dividirá siempre opiniones y avivará la polémica.

El problema es que al no renunciar, los alcaldes enfrentarán posibles impugnaciones de sus adversarios, quienes los acusarán de estar utilizando dinero público para promocionarse.

Algo similar podría ocurrir con las obras o apoyos en plena campaña, más allá de los candados que la ley imponga. Un hecho que será cuestionado, incluso, sin que se pruebe la intencionalidad.

También está el caso de la publicidad en medios y volvemos a los límites. ¿Cómo diferenciar si lo que se publicita es una acción del municipio de interés general o proselitismo?

Hoy, el grueso de los alcaldes dice estar concentrado en “hacer las cosas bien” antes de pensar en nuevas aspiraciones.

De ser así, no supone ser nada extraordinario a lo que como funcionario público están obligados a cumplir para ganarse la credibilidad y la confianza de la población.

En conclusión, para buscar reelegirse, los alcaldes tendrán que legitimar sus actuales mandatos y luego la pelota pasará a manos de las autoridades electorales, con el riesgo de que se hagan bolas.



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