La rutina desde el juicio


La rutina está triste, aunque espera tranquilamente a que la llamen al estrado como acusado, luego de un largo día en el que ha visto cómo numerosos testigos la han señalado y criticado sin mesura. El fiscal la invita a pasar; ella, despacio, jura decir la verdad y espera la primera pregunta.

- Señores del jurado, aquí la tenemos, ésa por la que decimos que nuestra vida es monótona, la que nos enjaula en nuestros propios hábitos, la que nos descubre miserables en nuestra soledad. Señora rutina, ¿qué nos dice sobre todos los casos de nuestros testigos que nos han dicho que usted ha arruinado su trabajo soñado, su existencia perfecta, su vida marital, sus aspiraciones más grandes? ¡Al mundo le gusta lo espontáneo!

- ¿Y no cree que hacer siempre lo espontáneo es una rutina? –dice tímidamente la rutina. La sala se llena de murmullos. Los más de 10 jurados se voltean a ver uno al otro un poco sorprendidos por la inusual respuesta de la acusada. La jueza pide orden y el turno ahora es para el abogado defensor, quien, sereno, la cuestiona.

- Hábleme entonces de su situación de ésos que la tratan como si usted fuera un desagradable lunes. La rutina sonríe, nunca la habían comparado con un lunes y menos había oído ese calificativo para su amigo. 

- Creo que mi nombre se ha estigmatizado y es mucho más fácil culparme a mí que tomar responsabilidad por cualquier decisión. ¿En qué momento me convertí en algo negativo? La naturaleza sobrevive por mí, mis procesos son naturales, evoluciono conforme a la madurez del universo y lo que más me sorprende es que ¡en los viejos tiempos era muy apreciada!

- ¿Está usted diciendo que está siendo confundida acaso con la frustración? 

-No sé si con la frustración, la falta de motivación, la vida gris. Es extraño que tanta gente proyecte en mí tanta culpa, vacíos emocionales y malas decisiones. ¿Cómo es que me acusan si yo les puedo ofrecer hacer lo que más les gusta por el resto de su vida? Al parecer, sólo es cuestión de decisiones entender que puedo ser lo más patético o lo más extraordinario de su vida.

El silencio es abrumador. La jueza pide un descanso y el jurado sale del tribunal para comenzar a deliberar un caso que aparentemente era muy evidente y predecible de juzgar. Después de unos minutos, el jurado se vuelve a incorporar y luego de la orden de la jueza, el líder dice: “Nuestro veredicto es unánime por el caso de la rutina contra la vida gris del Estado: encontramos a la acusada inocente”.

La rutina sonríe tímidamente y da las gracias. Algunos de los que testificaron salen apenados y uno que otro sale furioso azotando puertas y volteando sillas, aunque todos vuelven a su rutina de todos los días.






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