La seguridad del presidente


En las últimas semanas, la agenda de medios se ha nutrido del debate respecto a la seguridad del próximo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

La forma de viajar en vuelos comerciales y el uso de seguridad distinta al Estado Mayor Presidencial (EMP) han provocado tal controversia que me parece más una estrategia bien dirigida a distraer a la opinión pública que un verdadero debate de fondo.

Nadie en su sano juicio pone en duda que la seguridad del Presidente de la República debe ponderarse como un bien de la nación, más en tiempos de guerra como los que vivimos, en los que el ejército deambula por todo el país intentando abatir a los delincuentes.

Viajar en aviones comerciales es un acto de humildad, de eficiencia en los gastos y que reduce las comitivas suntuosas que acompañan al presidente en cada viaje. Además de contribuir a la transparencia, pues se conoce a nombre de quién y cuántos boletos de avión paga el gobierno.

Puede resultar incómodo para los medios de comunicación, mismos que acostumbran viajar junto al mandatario en todas sus giras, pero los ciudadanos aplauden la actitud del tabasqueño.

La estrategia de AMLO, además de económica, le garantiza que los representantes de los medios no asuman el papel de paparazzi filtrando escenas privadas desde el avión presidencial, tal como le sucedió a Enrique Peña Nieto (EPN), a quien un viaje sí y otro también le filtraban imágenes y videos que afectaban su imagen.

Por otro lado, le ofrece una oportunidad inmejorable de tener contacto directo con el ciudadano medio –no con el de a pie, pues éste no paga boletos de avión, pero sí con el ciudadano medio–, quien le servirá de encuesta sobre la forma en que maneja el gobierno.

Esto último puede ser una de las razones por las cuales el equipo del Presidente, en su momento, opte por trasladarlo en vuelos privados, pues someterlo a bullas, pitorreos, insultos o agresión verbal es peligroso para la seguridad del mandatario.

Estoy convencido que terminará viajando en vuelos privados, ya sea en el avión presidencial o en otro, pero no en vuelos comerciales, sí por su seguridad, pero no por el tema de los atentados, sino por la necesidad de privacidad en decisiones, por el requerimiento de un staff mínimo que opere a su lado en los traslados, por el desgaste que representa la mofa o el reclamo popular, pues no existe presidente popular en el ejercicio del poder.

Por otra parte, también vinculado al tema de la seguridad del Presidente, está el retiro del EMP de la seguridad e integridad de AMLO, una decisión cuestionada por opinadores y algunos políticos que en lo personal creo responde a la misma seguridad del mandatario.

Recordemos que EPN tuvo muchas filtraciones de información e imágenes, algunas de periodistas del entorno, pero otras de la intimidad de él solo o con un equipo reducido.

Alguien espiaba o filtraba información presidencial, ante la duda de quienes fueron, es mejor alejar cualquier sospecha.

AMLO sabe bien de este tema, pues él es quien más se benefició del deterioro de la imagen pública de EPN; entiende que gracias a las redes sociales que tanto le apoyaron, también puede estar su debacle en la opinión pública.

El EMP tiene el mandato de la seguridad del Presidente, entiéndase que incluye su alimentación, alojamiento, revisiones médicas, entorno social, emocional y hasta la vestimenta como parte de esa seguridad que debe proveer. Sin embargo, esta protección termina siendo una prisión.

AMLO necesita seguridad, seguramente los militares se la proporcionarán, pero no los del EMP, sino los afines, los aliados, en los que él confía, pues en las fuerzas castrenses como en toda agrupación humana, se dan las fracciones, los grupos y las divisiones por el ejercicio de los poderes gremiales.

La seguridad del Presidente no es algo menor que debe quedar en manos de las gacelas, menos en control de inexpertos, pero tampoco puede estar en control de una institución que despierta desconfianza a quien debe sentirse protegido.

Siendo tantos los militares que regresarán a tareas ordinarias, deberíamos alegrarnos de que habrá más y mejor preparados militares para combatir a la delincuencia. ¿No cree usted?


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