IrreverenteMonterrey
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La trágica predecibilidad


Cuando se pierde la dignidad, se pierde todo

Aquel 1 de diciembre de 2012, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, Andrés Manuel gritaba con Martí Batres a su izquierda: “Pintamos claramente nuestra raya. Nada con Peña Nieto, nada con la mafia del poder. La dignidad no tiene precio”.

Seis años después, en el Palacio Nacional, se aparece el mismo Batres como presidente del Senado, ahora a la izquierda de Peña Nieto en su último informe de ¿gobierno?, y a la derecha, Porfirio Muñoz Ledo, en su papel de líder de la Cámara de Diputados –muy lejos de su herética interpelación a Miguel de la Madrid el siglo pasado– no osa criticar al mandatario, porque “queremos una transición tersa que no interrumpa ni por un instante la secuencia histórica y constitucional de la República”. 

Entonces, los dos alfiles de López Obrador, flanqueando al que fue el objetivo de sus más exacerbadas críticas; y en las primeras filas, aquellos a quienes el dueño de Morena llamó “la mafia del poder”: Carlos Slim, Claudio X. González, Valentín Díez Morodo, Alberto Bailleres, Juan Armando Hinojosa el de la “Casa Blanca”, Juan Pablo Castañón presidente del Consejo Coordinador Empresarial, quien hoy por hoy es el interlocutor privilegiado por el presidente electo para tratar con ese gremio, sí, por encima de Poncho Romo Garza.

Con razón el incendiario Gerardo Fernández Noroña –que por cierto, no es santo de mi devoción– micrófono y bocina en mano les gritó “traidores” a Batres y a Muñoz Ledo en otra plaza, la del Zócalo, en las afueras del Palacio Nacional, cuando ni a las tribunas de gayola lo querían dejar entrar. Finalmente ingresó a su curul y apropiándose casi del presidium desató un zafarrancho contra sus correligionarios de Morena, propio de las escenas a que nos tienen acostumbrados los legisladores de este vapuleado país.

Les platico: a pesar de que la mayoría de los santones de la “iniciativa privada” apoyaron en la luz y en lo oscurito a Meade y a Anaya, buscan ahora no ser “privados de iniciativa” y para ello procuran afanosamente congraciarse con el presidente electo. 

Esto era fácil de predecir, como lo ha sido darnos cuenta una vez más que tanto en el gobierno, en las legislaturas, en los sindicatos como en la gran empresa, pueden y mueven más los intereses particulares, partidistas y gremiales, que los del bien común. 

¿Qué debe haber ocurrido en sólo seis años para que la raya pintada con el actual gobierno y con los de la mafia del poder se diluya de tal forma ahora, que hasta cajas de resonancia se vuelven los unos de los otros?

¿Qué está ocurriendo cuando dos legisladores electos de Morena y uno más de su satélite el PT, se tiran hasta con la cubeta cuando apenas comienza la izquierda a apropiarse del poder político de México?

El interés público se pierde una vez más en la trágica predecibilidad, porque era sencillo intuir que las tribus al interior de Morena y sus partidos esbirros se iban a disputar encarnizadamente el poder. Igualmente predecible era que los discursos de Andrés Manuel serían muy distintos en sus años de campaña, respecto a los de la etapa de transición y lo serán aún más a partir del 1 de diciembre. El tema es ahora ver qué habrá detrás de sus palabras a partir de que sea presidente.

Lo mismo, exactamente lo mismo, sucede con el gran capital, que desde 1988 llegó a decir que AMLO era un riesgo para el país, estribillo que se repitió hasta el cansancio y por todos los medios, lo cual le valió al tabasqueño perder dos veces la gubernatura de su estado –1998 y 1994– y dos más la presidencia, 2006 y 2012. 

Ahora, los mismos nombres de la iniciativa privada que arengaban entonces a sus tropas contra la izquierda se le acercan saludándolo con la derecha. Con ellos también habrá qué ver cuáles son sus acciones a partir de que el nuevo gobierno tome fuerza.

Lo cierto es que hoy nos queda vivir con ojos y oídos atentos a lo inmediato, porque las referencias del pasado pierden fuerza cada día.

Escenas como las del último –por fin– informe de Peña Nieto, o como la reunión de ayer de Andrés Manuel con empresarios regios, o como las de líderes sindicales enriquecidos con las cuotas de sus agremiados, que son premiados, una con su libertad y otro con su fuero, son incómodas porque no se esconden tras metáforas ni eufemismos, y no dan pie a lecturas que distraigan de la situación real: a México le hace más daño ser un país de seres despojados de su dignidad, que de pobres... 

CAJÓN DE SASTRE

“En un país donde la ley es letra muerta para los grandes evasores, para los grandes ladrones, para los políticos sinvergüenzas que presumen impunemente sus fortunas mal habidas, y la misma ley se aplica con todo el rigor contra quienes roban leche y pan por hambre, son indignos los dueños del poder, y con sus actos obscenos hacen que la gente pierda su dignidad”, dice mi Gaby, sin la mínima pizca de ironía, mordacidad e irreverencia que le caracterizan.

placido.garza@gmail.com

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