HueconomíaMonterrey
Más del autor

El regreso de las palomas

La trampa trumpiana

Todos son culpables

TLC: RIP

Pensiones

London School of Economics

Keynes

La última y nos vamos


¿Recuerdas el sexenio de De la Madrid? Heredó un país quebrado, con finanzas públicas hechas pedazos tras los despilfarros y latrocinios de la Docena Trágica, los 12 años de Echeverría y López Portillo, durante los cuales sus funcionarios keynesianos (Alejo, Ovalle, Flores de la Peña, Ibarra, Tello, Oteyza, etc) se dieron vuelo gastando a lo loco y endeudando al país con su pretexto favorito de “impulsar la demanda agregada” (que a su vez creará empleos que generarán a su vez los recursos fiscales para pagar la deuda contraída, etc., la falacia usual tan querida por los políticos, siempre dispuestos a gastar hoy y que pague otro en el futuro).

Hacia 1985, al secretario de Programación y Presupuesto sus enemigos lo apodaban “Salinas Recortari” porque lo tocó la amarga tarea de limitar los egresos del gobierno, recortando sueldos y presupuestos (salvo el servicio a la deuda externa, porque en este mundo cualquiera se puede morir de hambre, pero a los usureros internacionales se les paga hasta el último centavo y para eso están sus escuderos tecnócratas).

Bueno, ahora a quien le llegó el agua a los aparejos fue a Trump-el-neo-recortari, que tras bajar impuestos a lo salvaje a sus cuates corporativos, mandó al congreso el mayor presupuesto de la historia de EUA (sobre todo para sus cuates de la industria bélica). O sea, muchos más gastos y muchos menos ingresos. Naturalmente, Trump acaba de anunciar que el gobierno federal gringo congelará todos los sueldos a unos 2 millones de burócratas. O sea, como de costumbre en todos lados, las clases medias (y en este caso los extranjeros) pagarán los regalos a los de arriba. https://bit.ly/2NoVfkl

El colapso que viene

¿Lo repito? ¿También Trump es un pesimista agorero catastrofista? Las buenas almas siguen llamándonos locos a los que desde hace 24 años seguimos día con día la economía occidental y pronosticamos un colapso inminente, tremebundo e inevitable. ¿¿A estas alturas todavía se burlan?? Ni modo: hay maderas que no agarran el barniz.

Este artículo del financiero suizo Egon von Greyerz, The las hurrah before the dark years, lo dice muy bien. “¡Ya comenzó! El otoño de 2018 será trascendental en la economía mundial, los mercados y la política. Ahora estamos viendo el hurra final para las acciones, los bonos, el dólar y la mayoría de los mercados de activos. La economía mundial ha estado viviendo en tiempo prestado desde la crisis de 2006 a 2009. El sistema financiero debería haber colapsado en ese momento. Pero el apoyo vital masivo que orquestaron los bancos centrales logró mantener vivo al moribundo durante otra década. 

Bajar las tasas de interés a cero o negativo e imprimir suficiente dinero para duplicar la deuda global dicen que ‘resolvió’ el problema. Pero en lugar de salvar al mundo de un colapso económico, el crecimiento de la deuda y las burbujas de activos han creado un sistema con un riesgo exponencialmente mayor. Estamos en las vísperas de la destrucción.”

Demolición controlada

Sí, ya se que dirás que llevo años pronosticando un colapso que nunca acaba de llegar. Bueno, está llegando y se manifiesta en la periferia del imperio: Venezuela, Argentina, Turquía, Deutsche Bank (más los que se sumen esta semana). Las falsas “soluciones” que han aplicado los gobiernos y los bancos centrales, no han salvado al planeta (como los keynesianos creen), sino que han creado una burbuja más grande que ahora está reventando. Hay que ser muy optimista para intentar curar a un enfermo con dosis salvajes de lo mismo que lo enfermó (más deudas para curar a un adicto a las deudas). El principio homeopático no funciona así.

La historia nos enseña que los problemas globales de la economía generalmente comienzan en la periferia (remember efecto Tequila, efecto Dragones, etc.). Déficit presupuestales, deudas impagables y desplomes de la moneda, son las señales usuales. El indicador confiable suele ser el oro. Por ejemplo, en Venezuela el precio del oro se ha multiplicado por $23 mil o $2.3 millones por ciento, en 4 meses; en Argentina, 74% en este año y 14,500% desde el 2000 , y Turquía 26-5 en 4 meses y 3,500% desde 2000.

Por algo todos los gobiernos odian al oro (es testimonio mudo de lo mal que lo están haciendo con sus falsos metales preciosos de papel, sus falsas noticias, su falsa políticas, sus falsas medidas de gobierno). Esos tres países no son cruciales, pero son indicativos. Y la mayoría de los países emergentes (Sudáfrica, Colombia, Egipto, Indonesia, Sur Corea, Brasil, Hungría, India, Perú, Polonia, Filipinas, Pakistán, Rumania, Chile y sí, México, etc.) están en el umbral. Van a ir cayendo como fichitas de dominó, antes que la lumbre llegue a los cuarteles generales del G-7.

Europa está quebrada

Los casos más obvios son Grecia e Italia, que debieron abandonar la Unión Europea hace años, regresar a sus monedas originales, devaluarlas y declarar la moratoria. Pero los burotecnos de Bruselas (que nadie eligió, nadie conoce y nadie les pide cuentas de nada) nos se los permiten. Caerán juntos.

El mundo posiblemente podría lidiar exitosamente con algunos de los principales problemas globales, si la mayor economía del planeta, los EUA, fuera sólida. Por desgracia, no lo es. Todo lo contrario: es la más enferma. Su deuda se ha duplicado cada 8 años (algunas mediciones, como la de Catherine Austin—Fitts, hablan de $42 anglo-trillones y no de $21), y las proyecciones son aterradoras. Las probabilidades hablan de un acelere en la impresión monetaria y en las tasas de interés, más un estallido en el gigantesco castillo de naipes de los instrumentos derivados (armas financieras de destrucción masiva, según el gurú Warren Buffet). Resultado: hiperinflación de precios.

En un alarde final (el último hurra) Italia planea gastar $80 millardos de euros (que no tiene) en reparar los deterioros más evidentes de su infraestructura (apenas una gota en el mar). Distraídos por enemil amagos políticos, los países han descuidado su infraestructura durante décadas. En el mismísimo imperio, la Asociación Americana de Ingenieros Civiles estima que habría que gastar unos $5 anglo-trillones de dólares para dejar en 2025, en condiciones aceptables, caminos-puentes-presas-etc., a lo largo y ancho de EUA. ¿De dónde va a salir ese dineral? De la misma fuente de la que han salido los anteriores ríos de “dinero”: de la nada. Máááááás deuda, crédito.

En fin, este colapso que ya comenzó (y que la mayoría no quiere ver) destruirá los mercados, las monedas y en general las burbujas. Lo cual no excluye algún repunte más o menos ficticio (que motivará sonrisas burlonas de mis habituales críticos). La tendencia a largo plazo es clara: todas las divisas actuales (sí, también el dólar y el euro y el yen y el yuan y la libra y el franco y hasta el DEG) serán tiradas al bote de la basura.

Pero no olvidemos el dato: medido en términos reales (o sea, en oro) el dólar ha perdido más del 98% de su valor desde que la Fed fue creada en 1913 y ha perdido un 80% desde 1999. Eso indica un aceleración en el declive. De aquí al cero absoluto ya no hay mucho margen. Y menos tiempo.

vsanchezb@gmail.com


Volver arriba