Las luchas de ´El Mijis´


El 6 de diciembre de 1914, el Ejército del Sur de Emiliano Zapata y la División del Norte, comandado por el general Francisco Villa, entraron a la capital del país consumando una de las gestas más potentes en la historia de este país.  

Adolfo Gilly, autor del libro La Revolución Interrumpida, ponderado muy positivamente tanto por Octavio Paz como por Carlos Monsiváis, menciona que en esos contingentes revolucionarios estaban representadas las bases sociales del país: campesinos, obreros, peones, profesores rurales, pero sobre todo campesinos. El autor comenta el recelo que causó la legión campesina entre los círculos sociales tradicionalmente privilegiados de la capital y hace énfasis en el comportamiento ejemplar de las tropas durante la toma de la ciudad.

Hace un par de días, conversé con Pedro Carrizales, "El Mijis", candidato electo para una diputación en San Luis Potosí. Me contó de su vida, de sus ideas, de su labor entre los chavos banda. Conversamos amablemente, en la dignidad de quienes se atreven a dialogar. Al hablar con Pedro, no puedo evitar pensar en aquellos hombres y mujeres del pueblo que tomaron con el alma la capital del país en 1914 y fueron capaces de reconfigurar el rostro de su tiempo histórico. Tanto Pedro como aquellos personajes tuvieron que encarar sus luchas en un momento de tremendo desamparo, desde una atmósfera muy oscura del acontecer nacional, y desde ahí, con la sociedad en su contra, intentaron una lucha por ennoblecer la situación de las bases sociales de nuestro país. Conversamos de sus orígenes; me habló honestamente sobre su juventud, de ese tiempo salvaje en el que la desintegración familiar lo lanzó a las calles, y donde en la banda, como él le llama, encontró una forma de pertenencia en la que la fuerza envolvente de las circunstancias lo obligaron a vivir momentos especialmente difíciles. La calle en nuestro país puede ser un monstruo y todos lo sabemos. Desde ahí, ha logrado establecer un nuevo comienzo en el que trabaja para ofrecer oportunidades a chicos que, como él, alguna vez tocaron los fondos de nuestra sociedad. 

Al preguntarle si se sentía preparado para ejercer su diputación, su respuesta me pareció sumamente acertada: me dijo que su preparación inició en el momento en el que aprendió a observar el barrio, a entender las dinámicas nocivas en las que caen los chavos y a iniciar acciones enraizadas en la necesidad de darles visibilidad social y plataformas de integración. Ahora mismo no tengo elementos para determinar si Pedro será un buen diputado o no, aún así, es inminente que su figura le dará visibilidad social a un grupo muy lastimado, lo cual es sumamente valioso en un entramado social tan complejo como en el que vivimos. 

Cuando su historia empezó a hacerse conocida, las reacciones de cierto sector de la ciudadanía fueron desmesuradas, denotando un alto grado de banalidad y clasismo. Las recientes elecciones nos lanzan un mensaje inaplazable: es necesario reforzar el diálogo entre las distintas capas sociales, hacerlo verdadero, fluido, digno y, en su caso, validarlo en las urnas. 

El país entró en una andanada de sangre en la década de 1910, entonces el diálogo se abrió promovido por grandes momentos de dolor y de violencia que al final lograron establecer un nuevo panorama social, no sin antes enfrentarse al abismo arrollador de la guerra. Hoy, también con grandes cuotas de dolor y de violencia a la vista, hemos sido capaces de  consolidar el diálogo social a través de los votantes, ése es el verdadero mensaje y ésa la validez de candidatos como Pedro.

Nuestro país está lastimado, el tejido social se desmorona ante nuestra mirada; sin embargo, la sociedad misma ha sido capaz de inventar fórmulas para regenerarse. En la época de la Revolución fue una erupción social de dimensiones homéricas. Hoy, esta regeneración habita en las manos de miles de activistas y luchadores sociales que representan la posibilidad de generar nuevos espacios de reflexión y de convivencia. La elección de un candidato que se declara abiertamente como ´chavo banda´ e incluye la problemática de los barrios como prioridad en su agenda, habla de que la democracia mexicana madura lenta y decididamente hacia la plasticidad propia de una sociedad que necesita urgentemente una refundación de fondo.  

Es el momento de la inclusión, es el momento de la lucha por la reconciliación.


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