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Estimados amigos lectores, les comparto los consejos de Fernando Parrado, uno de los sobreviviente de la tragedia de los Andes, ocurrida el 13 de octubre de 1972, sí, aquella historia que impactó al mundo. El relato empieza en un auditorio con 2,500 ejecutivos y empresarios, muchos con sus esposas e hijos, en el cual Fernando habló durante una hora y media, y en ese tiempo conmovió a los ejecutivos al transmitirles lo que le dejaron 72 días en plena Cordillera de los Andes sin agua ni comida. Su charla tuvo dos etapas bien diferentes.

En la primera parte de su presentación narró los momentos críticos que lo marcaron de aquella odisea a 4,000 metros de altura en la que perdió a buena parte de sus amigos, además de su madre y su hermana.

¿Cómo es posible sobrevivir donde no se sobrevive? Se preguntó a sí mismo en esa conferencia, su respuesta fue contundente: "Sobrevivimos porque hubo liderazgo, toma de decisiones oportunas y espíritu de equipo y porque nos conocíamos desde mucho antes".

Y en ese momento destacó su primera conclusión: "En la vida el factor suerte es fundamental", pues cuando llegué al aeropuerto de Montevideo, les dijo, no daban número de asiento para el avión. A mí me tocó, de casualidad, la fila 9, junto a mi mejor amigo. Cuando el avión chocó en la montaña, se partió en dos. De la fila 9 para atrás no quedó nada. Los 29 sobrevivientes al primer impacto viajábamos en la parte que quedó a salvo. De ellos, dijo, 24 no sufrieron un rasguño. Así, los menos golpeados empezamos a ayudar, actuando como un verdadero equipo. Administramos barritas de chocolate y maní al punto de comer un grano por horas cada uno.

Marcelo, nuestro capitán y líder, asumió su rol para contenernos cuando le preguntábamos qué pasaba, por qué no llegaba el rescate. Decidimos aguantar". Pero días después su líder se desmoronó, pues la radio trajo la noticia de que había concluido el rescate. "¿Cómo hubieran reaccionado ustedes?, les preguntó a los asistentes. Imagínense, les dijo, que yo cierro esta sala, bajo la temperatura a menos 14 grados, sin agua ni comida, y esperar a ver quién muere primero".

Se hizo un silencio terrible en toda la sala. "Ahí me di cuenta, les dice, que al mundo no le importaba lo qué nos pasara. Por lo que tuvimos que tomar decisiones. En la noche 12 o 13 le preguntamos a uno de los muchachos: «¿Qué estás pensando?», Lo mismo que vos, respondió, tenemos que comer, y las proteínas están en los cuerpos. Hicimos un pacto entre nosotros, era la única opción. Nos enfrentamos a una verdad cruda e inhumana".

Desde la primera fila, decenas de jóvenes llevados por sus padres escuchaban boquiabiertos. Pero Parrado apeló a conceptos típicos del mundo empresarial: Hubo planeación, estrategia y desarrollo.

Pero entonces sobrevino el momento más inesperado en la charla. Pues Fernando les dijo a los asistentes, "ésta no es la historia que vine a contar", y contó que su verdadera historia empezó al regresar a su casa, sin su madre ni su hermana, sin sus amigos de la

infancia y con su padre ya con una nueva pareja.

"¿Crisis? ¿De qué crisis me hablan?, ¿estrés? ¿Qué estrés? Estrés es estar muerto a 6,000 metros de altura sin agua ni comida", enfatizó. Recordó un diálogo fundamental que tuvo con su padre, que le dijo: "Mira para adelante, anda tras esa chica que te gustaba... Yo cometí el error de no decirle a tu madre tantas cosas por estar tan ocupado; de no compartir tantas festividades con tu hermana, de no darme el tiempo de platicar con ellas mis vivencias, de no decirles cuanto las amaba". Y cerró, con un claro mensaje: "Las empresas son importantes, el trabajo lo es, pero lo verdaderamente valioso está en casa después de trabajar: la familia".

Así Fernando nos dice: "Mi vida cambió, pero lo más valioso que perdí fue ese hogar que ya no existía al regresar. No se olviden de quién tienen al lado, porque no saben lo que va a pasar mañana". Una gran ovación lo despidió de pie...


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