Lo público y lo privado


"¿Es Facebook bueno para el mundo?", pregunta la firma a sus usuarios.

Internet con sus redes sociales es la gran plaza en donde nos reunimos en el Siglo XXI.  Las plazas son lugares abiertos para convivir y ser vistos. Ahí están los novios que se besan en la banca sintiéndose invisibles, los niños corriendo, el vendedor de paletas, está quien lee el periódico o el que se entretiene viendo pasar gente. Ser vistos. Convivir. Reunirnos. Actividades humanas. 

Facebook reúne a 2,100 millones de usuarios al mes, pero en las últimas semanas se desató una crisis de desconfianza y descontento social. Una investigación de The New York Times y The Observer reveló el saqueo de datos privados de 50 millones de usuarios, (ahora sabemos que la cifra puede llegar hasta 87 millones) para influenciar las elecciones de Estados Unidos del 2016. 

Un investigador de la Universidad de Cambridge, Alexander Kogan, desarrolló un estudio psicológico entre usuarios y registró su actividad con una aplicación. Tenía el permiso de 270,000 usuarios, pero él consiguió millones de perfiles. Estos datos pasaron a la compañía Cambridge Analytica y se cree que fueron usados para publicidad electoral. Kogan dice que fue un chivo expiatorio. La compañía niega haber utilizado la información para fines electorales. Mark Zuckerberg, fundador de FB, admite que se han cometido errores y que harán mejoras: "Hubo una ruptura de confianza entre Kogan, Cambridge Analytica y Facebook. Pero también hubo una brecha de confianza entre Facebook y la gente que comparte los datos con nosotros y espera que la protejamos. Tenemos que arreglarlo". 

Tenemos que arreglarlo. Sí, porque la tecnología no espera que la ética se ponga al día, y la agenda del capitalismo emocional no trabaja con el ritmo de los usuarios. Datos personales son todos los datos que vienen de la persona. Pero existen datos privados y datos públicos. Datos que compartimos y datos que nos guardamos. Nos reunimos en la gran plaza, pero no nos mostramos por completo, porque a pesar de la convivencia abierta en Internet conservamos el pudor de la hoja de parra que le da por proteger lo privado, eso que no se escapa del círculo íntimo, eso que debiera quedarse en el disco duro. Internet no es privada, ni Instagram, ni Twitter, ni FB, porque lo que llega al círculo de "amigos" o "seguidores" se extiende al grupo del mundo que hace virales las publicaciones compartidas como privadas o públicas. Junto con nuestras fotos y mensajes reciclados se mueven nuestras aspiraciones. 

La innovación tecnológica camina más rápido que la ética. Conscientemente compartimos datos, y de pronto, los niños tienen publicadas mil fotografías en las redes sociales antes de cumplir los 5 años. Tenemos que arreglarlo, devolver lo privado a lo privado. Habrá que recalcular el concepto de ¿amigo? ¿compartir? ¿confianza? y también el de ¿mercantilizar? ¿privacidad? ¿utilitarismo? ¿libertad? 

Las redes sociales no sólo son sociales, tienen también un componente de control en muchas áreas de nuestra vida. Esta crisis de confianza provocada por la fuga de información revela el alcance de control que puede tener la tecnología cuando entrega usuarios al mercado como si fueran ofrenda en sacrificio. 

En los países desarrollados, el capitalismo ha solucionado gran parte de las necesidades materiales de las personas, las que están en la base de la pirámide de Maslow: techo, alimento, vestido, pero están las otras, las necesidades en los demás escalones de la pirámide como la amistad, el desarrollo personal, el sentido de comunidad. Estas necesidades humanas más altas son también esenciales para la vida. El mercado las ha reconocido con el capitalismo emocional. La socióloga Eva Illouz explora este sistema económico que intenta satisfacer necesidades de salud emocional, pero que en la práctica se apropia de los afectos y transforma las emociones en mercancías. 

Las redes sociales son buenas para el mundo, sería mi respuesta a Facebook. No sé cuál es el camino que tomarán en el futuro, pero apurar el paso de la ética al ritmo del de la tecnología nos evitaría utilizar las redes sociales como anestesia de ansiedades por pertenecer o en esa falsa búsqueda de estatus. ¿Cómo vivir en tiempos de la red? Necesitamos guías de convivencia, protección de instituciones y países, aspirar a las necesidades más altas de la pirámide. "Tenemos que arreglarlo".


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