Los bravos retos de Riquelme


Miguel Riquelme no se define como un político de escritorio y ha prometido “más carácter” para atender en la calle las necesidades primarias y sociales de los coahuilenses. Prometió un gobierno seguro que ofrezca garantías. Lo único que lo hará diferente es que todo lo que piensa hacer bien, resulte.

Riquelme llega hoy al gobierno de Coahuila con un vagón de acciones por cumplir después de una tormentosa contienda electoral que apenas se ha definido judicialmente el viernes pasado, 173 días después de una de las elecciones más contaminadas, agresivas y polémicas en la historia del estado.

Sabe que no llega con un triunfo súper legitimado como Coahuila supo ofrecer a otros priístas. Riquelme también es consciente que tendrá un arco opositor muy importante y que deberá ser un malabarista para dar un golpe de efecto que lo distancie de lo tradicional y pueda construir un gobierno de unidad.

En tal sentido, no solo deberá convencer con su firmeza política a un estado y a un contexto político dividido, sino convencerse a sí mismo de que sus estrategias estarán bien direccionadas para ganar credibilidad en una sociedad que ha quedado debilitada y desconfiada, desprovista de un liderazgo que genere una masiva aceptación popular.

Es indudable que los retos de Riquelme son mayúsculos, sobre todo si pretende atacar varios frentes prioritarios al mismo tiempo.

Comenzando por el compromiso que asumió como candidato de la coalición, ese de luchar por un “Coahuila Seguro”, su principal bandera de campaña.

Quizá su experiencia como alcalde de Torreón, donde logró bajar en un 80% los homicidios dolosos y los robos con violencia, lo han llevado a convencerse de que puede hacer algo similar en el estado.

De hecho, la profesionalización de los cuerpos policiacos es lo que más ha resaltado en sus discursos. La creación de un C5 y la –o el regreso– de una Secretaría de Seguridad Pública serán sus objetivos para apuntalar el combate a la inseguridad.

Riquelme quiere fortalecer la paz o, en todo caso, no descuidarla. En Coahuila se han reducido los índices de inseguridad –es el tercer estado más pacífico del país, según una encuesta nacional–, pero temen de un efecto rebote, sobre todo en los poblados fronterizos. Proteger a los coahuilenses será, ya dijo, el sello de su administración.

Pero paralelamente, Riquelme debe potenciar las condiciones económicas y laborales de un estado que aún espera consolidarse en dichos rubros y, obviamente, que esto va de la mano con la seguridad.

Su apuesta es crear más de los 170,000 empleos que generó la administración de Rubén Moreira. Pero no solo eso, sino que buscará tener un mayor acercamiento al sector productivo para conseguir mejores sueldos y prestaciones para los trabajadores. Los empresarios, por ahora, confían en su palabra de recibir a cambio algunos beneficios.

Riquelme no la tendrá sencillo desde el momento en que, para cristalizar muchos de sus propósitos, deberá pensar en cómo torcer una inercia negativa de los últimos años por una mega deuda que supera los $35,000 millones de pesos y que hoy le exige a Coahuila pagar más de $4,000 millones de pesos, solo de intereses bancarios.

Sentarse con los bancos acreedores para reestructurar la deuda, reducir el costo de intereses y mejorar la calificación crediticia, no solo será un desafío, sino un compromiso coyuntural para lograr un mayor dinamismo y motorizar a un estado cuyo despegue se ha demorado.



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