OpiniónMonterrey
Más del autor

Keynes le falló a EPN

Ojo con que nos pierdan la confianza

Pida, pida y vuelva a pedir

En el ´caló´ de los toreros

La violencia electoral

Personas transformadoras

Semejanzas y diferencias entre presidenciales

Los buenos jefes


En México y en el mundo existe un buen número de ejemplos de personas que han arruinado el negocio de la familia por no tener la motivación y el deseo de ser los jefes.

Para poder guiar a la gente, nos dicen los expertos, un buen jefe necesita: saber manejar los conflictos; saber manejar la diversidad no solo de género sino también la diversidad de edades y culturas; saber crear y manejar grupos colaborativos;  tener una fuerza interior que les permita soportar presiones y confrontar y enfrentar problemas.

Pero también debe ser capaz de crear el esquema de organización más útil para la organización. ¿Cuál es el esquema de organización que más me gusta a mí? A mí me gusta el modelo implícito en el basquetbol, en el se requiere sin duda un buen trabajo en equipo, pero como se juega muy rápido, entonces se requiere una buena dosis de espontaneidad, creatividad e improvisación y un continuo ajuste del trabajo en equipo, compuesto por personas que –como equipo– gozan de una gran flexibilidad de ajuste durante el juego.

Pero también, para dirigir el cambio es necesario ante todo fijar el rumbo; crear un ambiente de "necesidad de cambio" en la organización; estar atento a las modificaciones del ambiente en el que la organización está involucrada; crear un equipo colaborativo que dirija el cambio; vender continuamente la visión, ser capaz de comunicarla y hablar continuamente de ella; diseñar el plan de implantación de tal manera que garantice resultados parciales y finales; definir y usar la fuerza impulsora de cambio más útil para la organización. Las fuerzas impulsoras más usadas son: un sistema de ventas original, la producción de productos genéricos o la innovación. Y, por último, no olviden diseñar su plan de implementación de tal manera que garantice que el cambio va a perdurar. 

Para ser un buen jefe se debe saber, y saber hacer mucho con lo que se sabe, y una de las áreas importantes son los saberes administrativos y financieros: administración financiera, administración de recursos humanos, métodos relacionados con calidad y su implantación, métodos de planeación operativa y estratégica. Desde luego, ayuda mucho poder aplicar conceptos de solución de problemas y saber comunicar de una manera sencilla y clara sus ideas y sus sueños.

Para que todo lo anterior funcione a plenitud, el líder debe de ser capaz de crear un ambiente de confianza por un lado y sus colaboradores le deben de tener confianza por el otro. En un ambiente centrado en una normatividad excesiva y con un sistema de auditorías permanentes es difícil esperar que florezca la confianza.

Un jefe eficaz es aquel que está orientado a lograr resultados y a cumplir metas. Un buen jefe, aseguran los expertos, es aquel que se preocupa por los resultados de su empresa más que por su estatus organizacional, es el que busca que sus colaboradores sean responsables de los resultados que se espera de ellos; para esto, el jefe debe definirles claramente lo que se espera de ellos, y definirles muy claramente lo que les sucederá si no salen los resultados esperados; un buen jefe es quien es capaz de eliminar las barreras internas que se tienen en la organización para que el cambio ocurra. ¿Cuáles son las barreras que nos impiden avanzar? La complacencia en lo que tenemos es una de ellas, otra barrera está relacionada con el hecho de tener procesos administrativos y de toma de decisiones entorpecedores de la acción que hacen rígida la estructura de la organización, pero el cambio empieza a complicarse verdaderamente cuando la gente no quiere cambiar, cuando tiene una gran resistencia al cambio, la barrera clave a eliminar es la actitud de la gente para enfrentar el cambio, es el eliminar el "no se puede"; es eliminar la memoria organizacional que nos dice ya lo hicimos antes y no funcionó; es eliminar la actitud de que esto no es posible. Somos expertos en decir el cómo o el porqué no; por eso, el buen jefe debe buscar el cómo sí hacerle para que las cosas sucedan: dejemos de decir y empecemos a hacer.

Volver arriba