Los dueños de las banquetas


FRASE: "En Monterrey, como en México en general, pensar en tener banquetas acondicionadas libres de obstáculos es una utopía".

El problema de las aceras invadidas en el área metropolitana de Monterrey es un asunto añejo que afecta severamente al ciudadano, quien ha aprendido a sobrevivir con ello, sin poder hacer mucho al respecto.

Existe la creencia de que tal vez los vecinos y los comerciantes son dueños de las aceras frente a su casa o su negocio, y no necesariamente. Las mismas son para que la gente circule libremente, sin tener que bajar a la calle.

Administraciones municipales van y vienen y el tema sigue ahí, intacto. 

La invasión del comercio es más grave. Los miles de comerciantes instalados sobre las aceras de las principales avenidas de la ciudad son ya parte del paisaje.

Un razonamiento que puede tener lógica es que todo mundo tiene derecho a ganarse la vida en forma honesta, y el comercio ambulante es una de ellas; sin embargo, también es una verdad de a kilo que no puedes trastocar lo derechos de los demás.

Históricamente las avenidas principales de la ciudad están invadidas por el comercio irregular. Que paguen sus derechos a inspectores municipales para ofertar sus productos no les faculta para instalarse en puestos semifijos y obstruir la vialidad de la gente.

Amparados con una credencial de alguna central obrera o sindicato de algún partido político, los comerciantes se sienten y son inmunes a cualquier tipo de sanción.

Si alguien lo duda, es cuestión de ver calles como Padre Mier, Colegio Civil, Juan Ignacio Ramón o Hidalgo, a la altura de Garibaldi, donde puede verse un restaurante en forma, con mesas y sillas en plena calle, operando con toda libertad e incumpliendo reglas no sólo relativas a la vialidad, sino de orden sanitario. 

Ervey Cuéllar, presidente de Movimiento Vial Ciudadano, ha tocado ese tema. El dirigente ha fustigado a las autoridades municipales por ser tan permisivas, por no aplicar las sanciones administrativas para quienes invaden las aceras.

Y no solamente los comerciantes hacen uso de esa patente de corso. Los vecinos en las colonias también suelen obstruir las aceras con jardineras, rampas de acceso a sus cocheras, árboles y otro tipo de trampas como zanjas, registros de luz y teléfonos, e incluso postes de energía eléctrica o telefonía colocados en forma arbitraria y sin que las compañías responsables de estas irregularidades sean llamadas a cuentas por la autoridad.

Algunas administraciones municipales han realizado ciertos esfuerzos para tratar de solucionar el problema, pero hasta ahora éstos han sido infructuosos.

Que los ciudadanos se quejen podría ser una vía de solución, pero la gente, el civil común, no siempre tiene tiempo de protestar para hacer valer sus derechos. La autoridad tiene esa obligación, esa responsabilidad de darle bienestar en algo tan básico.

En verdad, hace tiempo que se han acabado aquellas postales de la ciudad donde las banquetas eran amplias y cómodas. Hoy estos lugares destinados para los que caminan se han convertido, malamente, en un estorbo para la calle, no un complemento, como en realidad debería ser. 



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