Los siete pecados capitales


“Los siete vicios que aborrece Dios: ojos altivos, lengua mentirosa, manos que vierten sangre inocente, corazón que maquina designios perversos, pies que corren ligeros tras el mal, testigo falso que respira calumnias y quien siembra discordia entre hermanos”.

Hace poco, platicando con Katchumo, comentábamos acerca de los números mágicos, esos que se usan para presentar información relevante en forma muy condensada. Comentábamos que los números mágicos siempre son 3, 5, 7 o 10: Los diez mandamientos de la ley de Dios, Los siete hábitos de la gente eficaz, el efecto corruptivo de las tres ges...

Estos son algunos ejemplos de estos números mágicos. Entonces Katchumo me recomendó leer Los Siete Pecados Capitales del Empresario. Juan José Bonilla, autor de este libro, destaca siete pecados o actitudes negativas que conducen tarde que temprano al fracaso no sólo al empresario, sino también a la organización que él dirige: “la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y finalmente la pereza”.

Después de cada pecado, el autor destaca una serie de consejos para evitarlos y sobre todo para consolidar la fuerza de voluntad para evitarlos.

Para Juan José, la soberbia es el pecado de los pecados. La historia está repleta de personas cuyo liderazgo se ha visto muy afectado por este pecado. Basta recordar, dice Juan José, a Lucifer, quien fue expulsado de los cielos al rebelarse contra Dios.

¿Qué características tienen las personas presas de este pecado? Son personas, destaca Juan José, “que están acostumbrados a hacerlo todo a su manera por encima de los demás, que no escuchan a los demás por estar enamorados de su propio ego, abusan del poder, son prepotentes, hacen la vida pesada a quienes están a su cargo, son personas amantes de la teología del gusano: nos hace sentirnos como gusanos indignos en vez de hijos dignos de la organización, dicen sus subordinados”.

Para prevenirlo, Juan José recomienda practicar varios verbos esenciales: “escuchar, aceptar otros puntos de vista, respetar, aceptar diferencias, dar órdenes con claridad, apreciar un resultado, motivar, dar las gracias, defender a los subordinados, decir la verdad, dar ejemplo de fortaleza, cumplir las promesas, delegar y afrontar los problemas”.

La avaricia, la lujuria y la ira son los siguientes pecados capitales. El primero lo define como “un amor desenfrenado por la riqueza”. El segundo está relacionado con el efecto corruptivo de una de las tres ges: dinero-gold, fama-glory y sexo-girls or gentlemen. El tercero conduce a broncas, pleitos, a faltas de respeto y, en esencia, a improductividad dentro de la organización.

Juan José destaca que los líderes eficaces practican los siguientes verbos: “aceptar a las personas como son; enfocar las relaciones y los problemas en función del presente, no del pasado; tratar a las personas que nos rodean con la misma cortesía con la que se trata a los extraños; confiar en otros aun si el riesgo parece demasiado alto, y actuar sin buscar aprobación y reconocimientos constantes”.

La envidia y la pereza son los dos últimos pecados capitales que debemos evitar: la envidia conduce al egoísmo organizacional que nos impide compartir lo que sabemos con nuestros compañeros. Sin duda, uno de los capitales importantes en una empresa está relacionado con los talentos y saberes de sus empleados, mismos que deberían ser una parte importante de la memoria institucional. La pereza es un factor clave de la falta de productividad, Juan José destaca que “todos los trabajos importantes requieren de un hombre que piense en la acción; todo lo que existe en el mundo es la muestra de una idea realizada, se deben tener ideas para crear y mejorar; el éxito esquiva al hombre que carece de proyectos; lo anterior implica no ser un sepulturero de buenas ideas”.


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