Los tres vicios de ciudadanía: la indiferencia, el ´importapoquismo´ y la ignorancia


Este fin de semana arrancaron las campañas de candidatos locales a cargos de elección popular. Percibo que, independientemente de las encuestas y de las especulaciones sobre los resultados y sobre de qué lado se cuecen más ánimos en la ciudad, en esta elección existe un gran reto que no tiene que ver con política: tiene que ver con tres vicios de ciudadanía. El reto es acabar con la indiferencia, el "importapoquismo" y con la ignorancia. Acostumbramos hacer al gobierno depositario de los problemas comunes. Aunque tenemos mucha razón en exigir una ciudad mejor a nuestras autoridades, incurrimos en un error si buscamos un cambio sin, además, exigirnos a nosotros mismos y a los nuestros.

He encontrado en las calles de la ciudad la apatía que reflejan las estadísticas. Personas que no votan o que nunca han votado; gente convencida de no participar en estas elecciones y gente completamente indiferente de quién sea el que resulta electo en los cargos de representación popular. Estas personas aceptan que les preocupan los problemas de vialidad, economía, empleo y seguridad, pero su preocupación es de dientes para afuera. Viven enfrascados en sus propias vidas con una visión pequeña en la que ellos son los principales protagonistas. Pienso que la apatía es la primera señal de una crisis de solidaridad. La segunda señal es la crisis social en sí misma. Nuestra cultura, que es por tradición fraterna, cálida, abierta y generosa, debería de enseñarnos que si en dar está el recibir, interesarse por los problemas que afectan a todos es una forma de entregar un pedazo de nosotros mismos al prójimo.

Por el actual presidente de México Enrique Peña Nieto votaron, en número gruesos, dos de cada 10 mexicanos. La apatía nos produce gobernantes ilegítimos, que no gozan de suficiente respaldo y que prácticamente nadie escogió. Una democracia en la que el 20% del electorado decide quién se sienta en la silla grande parece más una aristocracia en la que mandan los ciudadanos que votan. Ante esta realidad, cobra especialmente sentido la fuerza de los sindicatos y organizaciones de votos en masa, en las que ni uno solo de sus integrantes falta a las urnas. Deciden por nosotros quienes toman en sus manos su responsabilidad ciudadana. Yo me pregunto si gobernarían quienes gobiernan si el 100% de los mexicanos hubiera acudido a las urnas en julio del año 2012. Definitivamente la respuesta es que no.

El "importapoquismo" es un fenómeno distinto. Consiste en alcanzar la mediocridad en el ejercicio del interés político y de la participación ciudadana. Lo he encontrado en gente que cumple con sus obligaciones cívicas, pero no con su carga moral. Se mortifican y van a votar.

Probablemente hacen un voto informado. Si les preguntan no ayudan; hablan de elecciones en época de campañas, pero no forman parte de los consejos de los gobiernos municipales, ni de la mesa directiva de colonia, ni de cámaras empresariales, organizaciones sociales, gremios o iglesias. Se trata de gente a la que el otro le importa muy poco. Formalmente cumplen. Sin embargo, no pagan las mensualidades de su hipoteca social, ni mucho menos hacen abonos a capital para liquidar ese pago. El problema de este problema es que se contagia —sobre todo— entre gobernantes y gente de la clase política. Caen en el error de cambiar de brújulaen sus funciones y seguir caminos distintos al del bien común.

El último fenómeno que observo es el de la ignorancia. Esto se trata, para todo efecto práctico, de vivir anestesiado —por decisión propia o por destino— de las cosas públicas. Se reconoce en el que tiene una satisfacción ingenua, ideas copiadas y preocupaciones por conflictosinexistentes. Pudiera convertirse en la consecuencia de una indiferencia aguda (no me importa, entonces no sé). Pocas personas entienden cómo funcionan nuestros gobiernos, el impacto que tiene su voto en términos reales (presupuesto público, plurinominales, representación indirecta de los equipos de los candidatos ganadores, compromisos electorales

de los candidatos, estadísticas, legitimidad, etcétera). El problema de la ignorancia es que los mensajes no llegan o se malinterpretan; se permite a la candidata o candidato abusar en lo que promete y rebaja el tono de la discusión. Todos quieren ver a "Maderito" y al "Pato" Zambrano debatiendo, pero poco deja ese debate al debate de las ideas. Si acaso la única aportación es que necesitamos subirle el nivel a la calidad moral de la política.

Te invito, estimado lector, a que esta elección hagas por informarte, salir de ti mismo, votar e interesarte por los problemas que afectan tu entorno, si no es por solidaridad, al menos por ser éstos también de interés propio. Más nos vale aprovechar el presente para hacer todo el bien que podamos. El esfuerzo de una sola persona podrá ser un grano de arena en la historia del mundo; pero es significativo y marca una diferencia inmediata en el momento y lugar en que se realiza. Hay que asumir nuestra responsabilidad ciudadana, desempeñando un rol cada vez más activo en nuestra democracia. Ejerce una ciudadanía libre de vicios. El cambio —como dicen— es la única constante en la vida, y México va a cambiar contigo, sin ti o a pesar de ti.


Volver arriba