Manos sobran; lo que falta es ´lana´


"Manos a la Escuela" es un programa definitivamente fallido. Lo que se debió haber completado al comienzo del actual ciclo escolar, es tiempo en que aún no sólo faltan "manos", sino recursos.

Todavía no hay certezas de que algún día pueda completarse al 100% el programa "más ambicioso" anunciado por Jaime Rodríguez en junio pasado antes de meterse de lleno al alboroto de la grilla electoral.

Ayer volvieron los niños a las escuelas y muchas de éstas en el estado siguen igual que antes. Apenas hubo un 40% de avance del programa, léase, lo que se alcanzó a hacer con la limitadísima liquidez disponible para semejante inversión.

El problema no fue de cálculo, sino de improvisación e imprudencia. Para empezar, nunca hubo $800 millones de pesos para restaurar los casi 3,500 planteles contemplados en el plan.

Sí se prometió dicho monto para arreglar las escuelas, pero al "Bronco" se le cruzaron los cables. Le avisaron que había esa "lana" destinada al sector educativo, pero al final de cuentas no necesariamente eran fondos para invertirlos en las escuelas.

De hecho, la pifia se cometió en la propia Secretaría de Educación. Se informó que había un caudal de $800 millones de pesos –en parte federales– y el "Bronco" le entró.

Sin embargo, ese dinero estaba asignado al gasto corriente y particularmente al pago de salarios de los maestros. No para obras.

¿Qué pasó entonces? Se aplicó el fenómeno de la sábana corta: jalar de una punta para descobijar la otra. Es decir, se buscó cubrir el vacío con recursos de otros planes y todo en aras de cumplir con una promesa a todas luces imposible de ejecutar sin presupuesto.

El resultado es hoy. Cientos de escuelas atoradas entre la precariedad de sus instalaciones y la propuesta de restauración que nunca llegó y que, probablemente, nunca llegará.

El gobierno estatal, pero más aún "El Bronco", se han lanzado al precipicio sin poder volver atrás. Se buscaron excusas que no llenan ni checan.

El propio secretario de Educación, Arturo Estrada, apuntó a responsables. Sostiene que el fuerte retraso en el programa ha sido por culpa de los contratistas que decidieron no entrarle al paquete.

Es natural que no lo hagan cuando no hay transparencia ni garantía de pago. Pero de todos modos, las empresas involucradas lo desmintieron.

Denunciaron, por ejemplo, que hubo más de 300 licitaciones otorgadas, pero hasta hace dos meses sólo 25 proyectos han podido ser concluidos. Los demás no se han cristalizado por falta de pago. Incluso, hablan de sobreprecios y manejos turbios por parte del gobierno.

La negligencia administrativa se ha llevado de encuentro a cientos de miles de estudiantes. Ha sido un papelón de gestión por el atraso, por el incumplimiento, por las quejas de los directores de las escuelas y por la escasa liberación de flujo.

Además, si no se pudo antes, menos ahora en tiempos de resolver asuntos de campaña con un gobernador electo inútilmente, enfrascado en una disputa con las autoridades electorales y un gobernador sustituto ausente, más preocupado por el destino de su compadre.



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