Más mugre en una causa corrupta


Los últimos dos testimonios ante la Auditoría Superior del Estado (ASE) de personas involucradas en el mega fraude de los cobertores han dejado al gobierno de Nuevo León más descobijado de lo que ya estaba.

Y da la sensación de que cuanto más se le rasca al tema, menos posibilidades de defenderse le queda a una administración de Jaime Rodríguez que, por extraño que resulte, sigue en la postura de no reconocer el mayor sabotaje a las arcas estatales derivado de una operación abiertamente malvada y corrupta.

Primero, la declaración de un chofer que realizaba trámites para Tesorería fue desconcertante. Fue el único que dijo haber visto la carga de supuestamente 200,000 cobertores porque los recibió en una bodega de Escobedo y firmó las notas de remisión.

Sí, un chofer fue la “autoridad” para validar una compra del gobierno “independiente”. El empleado tenía apenas unos días trabajando para la administración y fue perversamente elegido para quedar “pegado” en la estafa. Cumplido el propósito y al ventilarse el fraude, fue despedido.

Segundo, la declaración de la exdirectora administrativa de la Secretaría de Desarrollo Social, Helena Silva Parra, también salpicó estiércol.

Confirmó que, extrañamente, fue un área administrativa la que ordenó la compra de los cobertores y no la Sedesol. Dijo que pese a que ella advirtió sobre irregularidades, Gonzalo Padilla, actual director de Adquisiciones del gobierno, palomeó la operación por casi $30 millones de pesos que aún no se sabe dónde han ido a parar.

Llama la atención que la ahora exfuncionaria de Sedesol, como el chofer y hasta Rogelio Benavides, exsubsecretario de Administración, hayan sido apartados del gobierno, pero no así Padilla, el único responsable de semejante desfalco y de la mayor traición a los nuevoleoneses que ha orquestado la gestión “independiente”.

Desde luego que es vergonzoso que Padilla siga en funciones exento de culpa y cargo después de toda la basura que han pretendido esconder y que hoy salta a superficie gracias a testimonios más creíbles que las versiones sin sustento del gobierno y que checan más con la estafa.

Sólo una sesgada y deficiente investigación, una Subprocuraduría a modo, combinadas con un evidente proteccionismo de Estado, pueden permitir que Padilla goce de tanta impunidad.

Una impunidad que el propio gobernador se preocupa en prolongarla. El sábado en un evento público, Rodríguez, en aras de defender la causa, le preguntó a un par de alcaldes metropolitanos sobre si habían recibido los polémicos cobertores, pero estos lo ridiculizaron al responderle que no.

El gobernador, contrario a reconocer que su administración no está limpia de corrupción –que de reconocerlo sería un gesto más “sano”–, ahora insistirá para que los alcaldes, principalmente del sur del estado, sean invitados a declarar y estos sí confirmen que les han llegado los cobertores.

Queda claro que para la viciada administración “independiente”, en vez de fumigar la casa, es preferible tratar de justificar las cucarachas, si vale la analogía.

Sin embargo, ya no tiene para dónde hacerse en un caso que le trituró la imagen, le restó coherencia, y que mientras se continúe sin ver la viga en su propio ojo, la mancha de corrupción se hará más espesa durante el sexenio.


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