Matanzas de $500 dólares


No se equivocó Ricardo Arjona, el compositor guatemalteco, al criticar a Estados Unidos en una canción; diciendo que en aquel país a los 18 eres un niño para un trago en algún bar, pero todo un hombre para ir a la guerra y para matar.

Esta contradicción entre la regulación del alcohol y las obligaciones militares también permea a la política de control de armas de fuego que implementa nuestro vecino del norte. Los múltiples y recurrentes tiroteos hacia la población en suelo americano, en escuelas y plazas públicas, han dejado desde hace mucho entrever una realidad muy triste: allí bastan solamente $500 dólares para poder adquirir un rifle de asalto y orquestar una tragedia que alcance las primeras planas de los periódicos de todo el mundo.

Por ese precio, Nikolas Cruz, de tan solo 20 años, a quien le hubieran prohibido pedir una cerveza en el estadio de su equipo favorito, le permiten en Estados Unidos, con todo el aval de la ley, adquirir un rifle semiautomático, con un alcance de 550 metros, con el que se pueden disparar alrededor de 100 veces por minuto. ¡¿Qué les pasa?! En una nota publicada en El Horizonte el día de ayer, se señala que se han vendido 8 millones de esos rifles en EUA. Con esta arma, han muerto 185 personas en tiroteos masivos desde el 2012 a la fecha. Si hay dos o tres tiroteos de este tipo por año, podríamos afirmar que el 0.000225% de los propietarios de estos rifles han hecho un uso trágico de estas armas de fuego. En esta realidad los republicanos, quienes tradicionalmente han representado a los intereses de la industria de fabricación de armas, basan su defensa del alcance actualmente otorgado al derecho consagrado en el “Second Ammendment” de la constitución americana.

El presidente Trump ha defendido esta regulación, señalando que es gente que está mal de la cabeza quien hace mal uso de las armas que los ciudadanos pueden adquirir para defenderse. En relación a la tragedia de la semana pasada en Florida, Trump culpó al FBI por no haber reaccionado oportunamente a las señales de advertencia que supuestamente se habían reportado respecto del posible riesgo que representaba Cruz. Obviamente, estando fuera de Estados Unidos, es difícil entender la realidad de una regulación tan liberal que permite que sucedan cosas como estas. El tema toca fibras sensibles en la cultura de aquel país. Al final, lo que la ley permite es lo que acaba sucediendo. Dejar tanto en las manos de tantas personas, ha ocasionado que algunos pocos hayan hecho un mal uso de esa libertad. El alcance de las acciones de aquellos ha puesto a reflexionar al mundo entero.

Contrario a las matanzas y tragedias terroristas que acontecieron en Europa, Nueva York y Boston en los últimos años, los tiroteos masivos en Estados Unidos han sido perpetrados por ciudadanos comunes y corrientes sin filiación islámica. Obviamente, al indagar un poco más acerca de sus vidas, se pueden encontrar situaciones conflictivas; pero no lo suficientemente extraordinarias como para predecir que una persona así, de un día a otro, pudiera decidir convertirse en un multihomicida y acabar con su libertad o con su propia vida.

El problema del debate de “gun control” es calmar una preocupación –creo yo que infundada– sobre el derecho de defensa personal. La viejísima idea norteamericana de que los ciudadanos tienen la posibilidad de armarse igual que el ejército, como una garantía de que el gobierno no abusará del monopolio del ejercicio de la fuerza pública me parece una idea obsoleta en el paradigma actual, rara y absurda. Que yo sepa, EUA es el único país del mundo donde se ha defendido tan férreamente esa premisa. Es cierto que han existido revueltas militares en contra de la población, pero eso ha pasado en lugares con instituciones débiles, burocracias frágiles y mala rendición de cuentas. Además, en caso de que aquello se intentara, habría que empezar por admitir que el ejército como quiera tiene más presupuesto, está mejor organizado y cuenta con tecnología de inteligencia superior a la que puede tener acceso la población por sí misma. Estados Unidos no es un país bananero en el que puede llegar un dictador a hacer de su voluntad leyes y de sus deseos decretos. Creo que, al final, se paga un costo muy grande por defender la postura antes explicada. Además, el problema es abordado de forma incorrecta: habrá menos tiroteos si hay menos pistolas y rifles en manos de la población y no al revés. Un arma como la usada por el atacante de Florida, debiese de ser de uso limitado solamente para las instituciones gubernamentales y, quizá, algunas otras corporaciones de seguridad privada.

roberto.mtz05@gmail.com

Twitter: @Roberto_MtzH



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